martes, 23 de septiembre de 2014

Crónica de un fracaso anunciado y de cómo no gobernar


Fuente: http://djovenes.org/


No es el título de una secuela post-mortem de una obra del gran escritor Gabriel García Márquez ni tampoco  un aburrido manual de política que encontramos empolvado en lo más recóndito de una biblioteca de universidad.
Bien pudo haber sido una ley aprobada pero cuando se opone a la voluntad y la libertad de los ciudadanos y ciudadanas, está condenada al rotundo fracaso.

Para aquellos que me leen desde fuera de España, les pongo al corriente.  En enero de 2012 el hasta ahora Ministro de Justicia del gobierno español anunció una profunda reforma, más bien eliminación, de la ley del aborto que había sido aprobada en 2010 por el anterior gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero. A grandes rasgos, esta ley orgánica de 2010 regula la interrupción voluntaria del embarazo en la que la mujer podrá tomar la decisión libre de abortar durante las 14 primeras semanas de gestación, y bajo tres supuestos hasta la semana 22, que son el caso de que haya riesgo para la vida de la madre o el feto, anomalías en el feto incompatibles con la vida, o la detección de una enfermedad extremadamente grave e incurable diagnosticada por un comité médico. También permitiría autorizar la interrupción voluntaria del embarazo a mujeres desde los 16 años, sin necesidad de consentimiento de sus tutores legales. (Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo)

La reforma que el nuevo gobierno del Partido Popular pretendía llevar adelante respondía a las protestas de grupos en defensa de la vida y las peticiones de la Iglesia Católica como principales grupos de presión, lo que llevaba a una vuelta a penalizar el aborto de una manera más severa y que retrocede incluso a una situación anterior a la aprobación de la primera ley sobre el aborto en 1985. Es decir, retrocederíamos a un periodo de la Transición heredero de la dictadura franquista.

El anteproyecto de ley que se pretendía aprobar penalizaría con pena de cárcel a las mujeres y personas que se vieran envueltas en un aborto. Si bien, la interrupción del embarazo se podría llevar a cabo dentro de las 22 primeras semanas de embarazo y bajo el supuesto de la incompatibilidad con la vida de la madre o del feto. También en caso de violación, siempre que se practique antes de la semana 12 de gestación  y denunciado previamente. Las menores entre 16 y 18 años no emancipadas quedarían condicionadas a la autorización de sus padres. Todos los supuestos tendrían que ser estudiados por dos médicos expertos que autorizaran el consentimiento y el derecho a abortar. (ANTEPROYECTO DE LEY ORGÁNICA PARA LA PROTECCIÓN DE LA VIDA DEL CONCEBIDO Y DE LOS DERECHOS DE LA MUJER EMBARAZADA) 

Desde el primer momento en que el anteproyecto de ley salió a la luz, era de esperar la reacción social que denunciaba un retroceso injusto que privaba a las mujeres el derecho a decidir sobre su cuerpo.
Si bien, es un tema muy delicado por el que siempre vamos a encontrar confrontación. Y ya lo vimos en el seno del partido que gobierna, profundamente dividido por tales proyectos. Cómo no, prácticamente toda la oposición en el parlamento condenaba una postura tan radicalizada.
Pensar que la nueva ley sobre el aborto se iba a aprobar suponía un concepto cada vez más lejano para el ministro Ruiz-Gallardón. Hoy se ha demostrado que una decisión gubernamental que toca la fibra más profunda e íntima de las personas, en este caso, de las mujeres, jamás va a encontrar el éxito.

De esta forma es cómo un gobierno fracasa en su intento de ir a contracorriente de los derechos de sus ciudadanos. La dimisión del ministro de justicia era inminente, casi anunciada desde hacía meses, podría decirse desde la formulación de tal anteproyecto de ley, pero que en definitiva muestra cómo la insistencia y la reivindicación social puede parar un proyecto inviable y antidemocrático. Tal fracaso se ha saldado con la dimisión de un ministro pero no solo corresponde a su ministerio la elaboración de la ley, sino que engloba a todo el equipo de gobierno.

El hecho que lleva a una mujer a abortar no es un asunto ni mucho menos fácil, más bien es una de las decisiones más difíciles que se pueden llevar a cabo. Una mujer no interrumpe su embarazo por capricho, sino porque se dan una serie de condiciones tanto físicas como psicológicas que inducen a las personas a tomar tales decisiones triviales. Una mujer no puede estar obligada a llevar durante 9 meses en su vientre el fruto de una violación o gestar un nuevo ser humano con pocas posibilidades de sobrevivir, o bien porque sea un embarazo no deseado.

Si tengo que dar mi propia opinión, no soy favorable a que el número de abortos aumente, no me gusta el hecho de que un aborto tenga que producirse. Pero tenemos que respetar el derecho de cada mujer sobre su propio cuerpo, analizar las condiciones en las que se encuentra y así entender y respetar su decisión.
Una imposición moral de tal calibre no hace más que favorecer el aborto clandestino, criminalizar a las mujeres que deciden tomar tan difícil decisión y poner en peligro su salud física y psicológica.
En nuestra sociedad debemos valorar además un elemento en la educación que de muchas maneras se considera todavía un tema tabú debido a patrones culturales y religiosos, y es la educación sexual. Una buena educación sexual de los jóvenes previene muchos problemas como es el caso de los embarazos no deseados por mal uso de los métodos anticonceptivos. Curiosamente, muchas de las voces en contra del aborto (atención, no todas) son precisamente las que se oponen a una educación sexual incluida en nuestro sistema de educación.

Asociaciones en defensa de los derechos de los no nacidos hablan precisamente de establecer derechos desde la propia concepción. Aquí entramos en un debate de bioética en el que consideraría la opinión de médicos e investigadores científicos mucho más constructiva que mi propia opinión. Muchos médicos son conscientes de lo que supone el aborto, y de alguna manera científica se han decidido los supuestos según el tiempo de gestación del feto que pongan un margen entre lo que se considera como vida humana y lo que no.


Comprendo que nunca se llegará a un consenso que ponga de acuerdo al 100% de la sociedad pero es necesario respetar la decisión de cada persona sobre su propio cuerpo. Así, debería decir que no es más justo el que prohíbe sino el que educa. No por prohibir a una mujer interrumpir su embarazo se va a proteger una vida. En definitiva, muestro mi apoyo completo a los derechos de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo sin imposición moral ajena a su propia razón y criterio consciente.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Votaron con cabeza lo que el corazón no pudo sostener


Picture: Ian Rutherford

Después de un vacío cuatrimestral, he de disculparme por las dificultades técnicas de acceso y la falta de tiempo para alimentar este desértico blog. Prometo escribir más a menudo siempre que las condiciones tecnológicas lo permitan.
Y coincidiendo con un acontecimiento internacional de alta relevancia, del cual espectadores de televisión y usuarios de las redes sociales han sufrido un bombardeo masivo en los últimos días, vengo a dedicar esta entrada para rematar la faena.

Entre ayer y hoy más de uno habrá querido desconectar del mundo para dejar de saturar la cabeza con información que olvidaremos en pocos días. Pues aquí vengo yo como buen freak de estos asuntos para aportar mi punto de vista. Sí, es la deseada consulta en referéndum sobre si Escocia se separaba del Reino Unido o no.
En un acto de democracia en toda regla y con una participación que supera el 80%, los escoceses han decidido seguir formando parte del Estado al que han pertenecido por más de 300 años. Es verdad que alrededor de un 45% ha votado en pro de la independencia, y al ser casi la mitad del electorado es difícil acordar una solución que contente casi al 100% de la población, pero así es la democracia.
Pero para que el sistema democrático funcione de manera coherente, se puede considerar un movimiento inteligente el del Primer Ministro británico David Cameron, que ha arriesgado su puesto y débil prestigio autorizando la consulta. Además es envidiable el consenso obtenido y la promesa de la llamada “tercera vía”, es decir acordar una mayor autonomía política, fiscal y en materias sociales para Escocia dentro de la unión del Reino Unido. Sé de algún gobierno que debería aplicarse el cuento.

Dada la situación, parece inevitable establecer comparaciones y analogías entre Escocia y nuestro quebradero de cabeza en Cataluña. Muchas veces nos venden la moto de que son procesos prácticamente iguales. Desde una manera simplista y arcaica comparamos el hecho de que existen dos territorios cuya población comparten una lengua diferente a la oficial del Estado y unas tradiciones características, añadiendo el potencial económico del cual el Estado central se aprovecha vilmente. Tras esta descripción salvajemente simplista, también podemos matizar que las constituciones del Reino Unido y del Estado español son diferentes. El proceso de autodeterminación escocés viene dado por las características que forma la unión británica entre sus cuatro entidades autónomas. El Estado español responde a otras.

En todo caso y de manera personal, apostaría por una reforma constitucional que permitiera una ley de consultas para la autodeterminación de Cataluña. No hay mayor ejemplo de democracia que la de que los propios ciudadanos decidan si quieren crear un Estado propio o seguir en el Estado en que nacieron. Ahora bien, estar a favor de la consulta no significa estar a favor de la independencia.  

Hemos visto reflejado en los resultados del referéndum que los escoceses piden coherencia y estabilidad. Un nuevo Estado en una de las mayores potencias económicas de Europa crearía una incertidumbre en el futuro cercano y una inestabilidad dentro de la Unión Europea y el conjunto de tratados internacionales que no se pueden predecir. Incluso debemos tener en cuenta las consecuencias para el propio nuevo Estado que supone construir nuevas instituciones, establecer relaciones bilaterales con el resto de Estados, reconfigurar un modelo económico y político nacional, y lo que a muchos causa mayor inquietud, dejar un territorio fuera  de tratados internacionales de seguridad como la OTAN, o fuera del club europeo. Muchos somos los que criticamos ambas instituciones pero sin ellas no podemos predecir si la seguridad del Estado se vería seriamente afectada, y con ello la seguridad de los ciudadanos que votaron por un constructo social que es posible que no se pueda llevar a cabo.


Por tanto y para concluir, parece apasionante dejar aflorar Estados-nación surgidos de aquel modelo ya planteado desde la Ilustración francesa, rescatado en el siglo XIX y latente hasta nuestros días. Una implementación de una idea que no concuerda con las dinámicas políticas y económicas globales del siglo XXI. Hablamos una y otra vez del derecho de la autodeterminación de los pueblos, diseñado especialmente para terminar con un sistema colonial que condenó a la dependencia económica crónica a gran parte de los Estados del mundo. Los nacionalismos subestatales en Europa rescatan la idea para aplicarla en el viejo continente, que mira hacia otra dirección, una dirección hacia una Europa común que vive sus horas más bajas de popularidad. Pero no debemos subestimar el sentimiento de unidad porque juntos podemos cambiar el modelo que viene aumentando las desigualdades entre ciudadanos. Una Europa desunida y de microestados puede ser arrasada por falsas promesas demagógicas, extremismos ideológicos que distan radicalmente de las buenas intenciones del conjunto de la población que reclama su derecho a participar en el sistema que ha heredado y mejorar sus condiciones de vida de una vez por todas.

lunes, 2 de junio de 2014

Empacho abdicatorio, ¿y ahora qué?

Si alguien todavía no se ha enterado, que difícilmente lo veo, Don Juan Carlos de Borbón y Borbón-Dos Sicilias anuncia que deja el cargo de jefe de Estado, del Estado Español. Es decir, abdica dentro de la institución monárquica hereditaria en su hijo Felipe de Borbón y Grecia. 
Si bien, cabía esperar este anuncio, pero a muchos les ha pillado desprevenidos ya que no se esperaba que se realizara en este momento, sin embargo, era una decisión premeditada con meses de antelación, si no, con más tiempo. 

Hoy, día 2 de junio de 2014, tildado de día histórico para España, venimos asistiendo a un empacho informativo en todos los medios de comunicación. Hemos conseguido crear una hoguera de las redes sociales, pero cabía esperar tal actividad, ya que en otros procesos sucesorios, no existía tal avance tecnológico y apertura informativa como hoy tenemos. Muchos desde nuestros dispositivos electrónicos personales contribuimos al fenómeno de difusión de información en Twitter, tanto errónea como verídica, por lo que no puede ser tomada como una fuente de información primaria pero ayuda a despertar la alerta por un acontecimiento de tal calibre y buscar fuentes que arrojen luz sobre su veracidad.

Yendo al grano, desde antes de la comparecencia de Mariano Rajoy, ya se especulaba con la noticia, hasta que el presidente del Gobierno confirmaba lo que se decía por las redes sociales. Ahora bien, después del anuncio y de ser espectadores repetidas veces del discurso del todavía jefe de Estado, junto con continuos repasos y documentales de su trayectoria como monarca, los que nos hemos dado por enterados ya nos estamos lamentando de los días y semanas que nos esperan como encendamos la tele o leamos el periódico, o sin más, entremos en las redes sociales. 
Hasta que el príncipe no tome posesión de su cargo, España permanecerá en un continuo y repetitivo movimiento informativo acerca de la Corona, con la aprobación de una nueva Ley Orgánica y posterior proclamación del nuevo jefe de Estado. Por suerte el proceso se estima que durará alrededor dos semanas ya que el presidente Rajoy anunciaba un traspaso rápido.

Es verdad que la relevancia del acontecimiento no es de menos. En Europa es el tercer monarca que abdica en dos años. Juan Carlos esgrime motivos personales, pero es de creer que todos los españoles entienden qué es lo que realmente motiva al rey a abdicar. Así, la monarquía española ha sufrido una caída de popularidad muy notable en los últimos años. Los escándalos de la infanta Cristina y su marido Iñaki Urdangarín, junto con la pésima imagen excéntrica del rey cazando elefantes en Botswana, con el infortunio de fracturarse la cadera en el momento menos indicado, son los puntos de mayor impopularidad de la institución. Además, por mucho que se niegue la evidencia, es probable que los problemas de salud sean de los motivos más relevantes. 

Juan Carlos no ha esperado a la resolución del juicio contra su yerno para conseguir recuperar su popularidad estando en el cargo, sino que ha considerado que un lavado de cara en la Casa Real es lo más adecuado. El príncipe de Asturias representa una renovación de la imagen de la institución. Es el miembro de la Familia Real que ha conseguido mantener impecable su imagen pública. Básicamente su condición como heredero de la Corona necesita de tales requerimientos si se trata de la supervivencia de la monarquía.

Por otro lado, muchos alaban los 39 años de reinado de Juan Carlos.  Habiendo yo nacido bastantes años después de su coronación, no puedo juzgar de primera mano su imagen como figura de la Transición española, héroe proclamado ante el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, con sus teorías conspirativas y secretos de Estado, símbolo de la democracia en España. Pero tras decir esto me remito a lo que todos sabemos, el jefe de Estado fue propuesto por las cortes franquistas y posteriormente coronado sin una consulta a los españoles. 
Muchos de los que vivieron la Transición dirán que fue necesario para evitar cualquier irrupción "peligrosa" y "desestabilizadora" de la convivencia social. Quizás fuera verdad, muchos tenían miedo de que se repitiera el mito de las dos Españas desembocando en otra guerra fraticida. Por aquel entonces los términos democráticos pasarían a formar un papel secundario bajo la consecución de una "paz" social, de cierto modo continuísta con el régimen de Franco. Libertades supeditadas al orden y la estabilidad, ¿mal necesario? puede ser.

Hoy día, los tiempos han cambiado, se cierran etapas y se abren otras nuevas. Muchos se proclamaron "juancarlistas" pero no monárquicos. Otros, los puramente monárquicos, defienden la existencia de la Corona como elemento inviolable en el Estado Español. De aquellos "juancarlistas" pero no monárquicos, se deduce la idea de que el periodo de su reinado fue clave en la historia reciente, pero comprenden la necesidad de adaptación al contexto social actual y a la demanda de democracia y transparencia por parte de los ciudadanos. 
Otros tantos, cabe decirlo, nunca llegaron a apoyar directamente la figura monárquica. Declarados republicanos apoyaron en referéndum la aprobación de la Constitución de 1978 por conseguir una estabilidad nacional y alejar los miedos pasados. 

Así pues, la sociedad española cambia de mentalidad, el contexto es completamente diferente del de 1975. La sociedad actual dista mucho de la de hace 40 años. Hoy nos afectan otros asuntos que también conciernen a la estabilidad social pero acuciada por otros actores, precisamente aquellos que jugaron un papel trascendental en la Transición y que hoy son continuamente cuestionados. Hemos visto en las últimas elecciones el freno de los partidos que han estado y están en el gobierno y el ascenso de nuevas y jóvenes formaciones que buscan otro modelo de Estado y plantean otras perspectivas de la política. Quitando importancia al auge del populismo televisivo cargando de esperanzas a cada vez más sectores de población descontentos con los fallos del sistema actual, la conclusión que podemos llegar es que los españoles demandan otros modelos alternativos. Hoy a las 20:00 se han convocado manifestaciones en numerosas capitales españolas por el derecho a decidir en referéndum el futuro del modelo de jefatura del Estado. Hoy por hoy, si queremos democracia en un país con un sistema electoral ya consolidado, se debería respetar el derecho de los españoles a elegir qué modelo de Estado quieren. Ahora bien, a muchos la palabra república les suena terrorífica, pero para otros es la demanda de un modelo más justo en un Estado europeo. Detractores de la posibilidad de que cambie el modelo democrático de Estado llevan sus miedos al año 1936, precisamente es lo que bloquea el debate que nos concierne a todos. Pero 2014, 2015 o 2016 no son 1936. 

En la España más internacionalizada de todos los tiempos, con menos soberanía sobre su sistema económico y político, con una mayor facilidad de movimiento de sus ciudadanos fuera de las fronteras nacionales y una mayor formación educativa, el hecho de que se instaure una república parlamentaria no sería fuente de mayor inestabilidad que una monarquía. Tanto si un sistema republicano como uno monárquico son inefectivos, van a ser de la misma manera inestables y pueden derivar en los mismos problemas. Los ciudadanos reivindicarán otra modelo de Estado u otro representante de la jefatura. Al fin y al cabo, lo que se debe perder es el miedo a atender a las demandas de los ciudadanos y poner en su mano la decisión del modelo de Estado que más apoyos recoja.


lunes, 26 de mayo de 2014

Un fantasma recorre Europa

Ya lo avisaban las encuestas, ya se predijo anteriormente que iba a haber un cambio de tendencias en las Elecciones al Parlamento Europeo. No se ha producido así a nivel Europa ya que el Partido Popular Europeo ha logrado concentrar la mayoría relativa, pero sí se ha dejado notar el fantasma del euroescepticismo y el auge de los extremos políticos.

Francia tiene hoy su hueco en todas las portadas de los periódicos. La populista y ultraderechista Marine Le Pen consiguió su objetivo de ser la más votada en el país galo. Para el gobierno de Manuel Valls y François Hollande ha sido un durísimo golpe, algo que el primer ministro tildaba ayer como de situación preocupante teniendo en cuenta que el Partido Socialista obtuvo un triste 14,5% en todo el país. La señora Le Pen resucitaba victorias del pasado, cuando su padre Jean-Marie pasaba a la segunda vuelta de las elecciones de 2002. Nunca había estado tan cerca del Elíseo. Aunando los votos de los sectores obreros, la extrema derecha eurófoba se abre paso en uno de los Estados fundadores de la Unión Europea y el segundo con mayor peso, una gran paradoja. Le Pen ya ha pedido la disolución de la Asamblea Francesa para abrirse paso en los poderes del Estado y crear su propio concepto de Francia. Una gran patada para Europa.

No es solamente en Francia donde la extrema derecha avanza en popularidad y en votos, sino que en Estados como Reino Unido y Dinamarca, este ha hecho mella siendo la fuerza más votada. El populismo del UKIP británico llega a alrededor del 30% de los votos. El euroescepticismo en Reino Unido se hace notar con absoluta claridad, los británicos han dejado claro su mensaje a la Unión Europea. Así el xenófobo Partido Popular Danés llegaba a alcanzar el 23,1% en Dinamarca. Además los partidos nazis logran arañar escaños en Grecia, Finlandia y probablemente en Alemania. Amanecer Dorado recibe el 10% de los votos griegos, partido con sus líderes entre rejas. El Partido de los Finlandeses consigue dos escaños, y el partido heredero del nazismo alemán podría tener un asiento en Estrasburgo. 
Pero por otro lado, surgen las fuerzas de izquierda, como así destacan en Grecia, Syriza, del cabeza de lista de la Izquierda europea Alexis Tsipras, alcanza el 26% de los votos en su país. En Italia, el partido del populista Beppe Grillo es la segunda fuerza más votada con el 25,5%.

Centrándonos en España, nos encontramos con una situación peculiar contra todo pronóstico. Las encuestas vaticinaban un retroceso del bipartidismo, pero no cabía en sus espectativas que se pudiera agudizar de tal manera como así ha sido. Si bien, es verdad que el Partido Popular ha conseguido la mayor parte de los votos con un 26,06%, ha resultado una victoria bastante amarga al perder ocho asientos. La candidata del PSOE ha sido la única en reconocer que son resultados malos para el partido, obteniendo 14 escaños de los 23 que se les otorgaba en 2009. Por primera vez, los dos partidos mayoritarios no logran el 50% de los votos, lo cual dice mucho del descontento de los españoles.
La gran revelación, de la cual las televisiones y los periódicos se hacen eco, es de la joven formación Podemos. El profesor Pablo Iglesias Turrión ha conseguido ser la cuarta fuerza más votada en el territorio nacional tras cuatro meses de proyecto y con un modesto presupuesto. El terremoto que ha causado ha hecho temblar las bases de los partidos tradicionales. Ni siquiera cuando le veíamos por los pasillos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense, cabía imaginar que alcanzaría a ser eurodiputado, y menos que su tendencia radicalmente anticapitalista alcanzara más de un millón de votos en España. Su formación política es trending topic en Twitter por segundo día consecutivo, y las tertulias que le han catapultado a la fama no hablan de otro asunto. Pero así es como su mensaje ha calado hondo en la sociedad española, ¿populista?, sí, lo es, además de altamente cuestionable en sus propuestas para derogar el Tratado de Lisboa y hacer desaparecer el euro. Pero como todo movimiento populista, demuestra que los votantes están hartos de los partidos tradicionales, la forma de ver la política cambia, es una lección a aquellos partidos que no escuchan las demandas del electorado. España pide cambios, pero cuidado.

Permitidme trasladar estos resultados a los intereses nacionales. Tanto PP como PSOE han de encontrarse significativamente afectados. Aunque la abstención ha sido de un 55%, los resultados hablan por sí solos, los españoles rechazan cada vez más el juego bipartidista. De hecho, cabe pensar que el abstencionismo se ha producido entre los votantes tradicionales de los dos partidos. A pesar de todo, si el bipartidismo no funciona, ¿por qué hay que seguir insistiendo en unos partidos políticos con sordera y ceguera crónica?, ¿por qué hay que apoyar la pérdida de derechos sociales?, ¿quién va a defender el derecho a la educación, a la sanidad, a unas pensiones dignas, el derecho a decidir de las mujeres sobre su cuerpo, y un largo etcétera? Básicamente no sabemos si otra fuerza política realmente protegería todos estos aspectos básicos. Es el arma de todos aquellos que todavía no han gobernado, pero sería interesante ver si al frente de un gobierno siguen abanderando la defensa de estos derechos o sucumben a los intereses de los grandes poderes económicos. 

Sin embargo, la conclusión de estas elecciones es el castigo al llamado PPSOE. Ambos partidos ya temen unos resultados similares en las elecciones autonómicas, municipales y probablemente las generales el año próximo. Con tal panorama sería técnicamente imposible lograr formar gobierno sin tener que pactar con tres o más partidos minoritarios, lo que lleva a una situación de absoluta inestabilidad. 
También esto puede volverse en contra de los propósitos de muchos votantes y de los partidos minoritarios en general. Recordemos las desafortunadas palabras del expresidente del Gobierno Felipe González. Tachamos de barbaridad su atrevimiento a plantear una gran coalición a la alemana, es decir la creación del PPSOE en su mayor expresión. Aun así no es una idea muy lejana de la realidad visto lo visto. Así que debemos de estar prevenidos sobre lo que puedan hacer con nuestro voto.

En definitiva, el panorama político europeo se radicaliza, aunque por fortuna no logra una mayoría sobre el europeísmo. Aún así, los partidos europeos quedan advertidos sobre las consecuencias que puede tener una mala gestión política y económica. En los próximos años veremos cómo transcurren las dinámicas en el campo de lo político. Esperemos cambios positivos en favor del bienestar de los europeos para evitar un oscuro futuro de hostilidades nacionalistas.



domingo, 25 de mayo de 2014

25-M

Por fin llegó el día de las Elecciones al Parlamento Europeo.  Tras la resaca madridista de anoche, algunos acudimos a votar con la intención de que nuestro derecho pueda influir en el transcurso de las políticas de la Unión Europea. Muchos electores pesimistas piensan que estas elecciones son secundarias y no merece la pena participar en ellas, pero no es así. Nos jugamos mucho en la Unión Europea, y ya que por primera vez otorgamos mayor poder al Parlamento, debemos aprovechar esta oportunidad para expresar nuestro descontento o aprobación a cualquiera de los partidos. 

Por mi parte, animo a todo el mundo a votar. Durante la jornada se han dado casos de falta de papeletas de ciertos partidos o exceso de visibilidad de los grandes sobre las formaciones pequeñas. Cualquier irregularidad en los colegios electorales debe ser denunciada. Se debe garantizar por completo el derecho al voto de todos los electores sin discriminación. Sin embargo, no os quedéis en casa, no sucumbáis al pesimismo y a la dejadez porque otros ya estarán decidiendo por vosotros. Es más importante que exista una participación alta, porque eso significa que representa de una manera más fiel la voluntad de los votantes. Además el sistema de voto en estas elecciones es completamente diferente al de las Elecciones Generales o las municipales o autonómicas, ya que constituimos un censo en el que no rige el principio de exclusión de candidaturas que no superen el 3% de los votos como en las elecciones nacionales.

Tenemos que luchar contra la abstención y el desencanto por Europa. Desde mi opinión personal, debemos hacernos ver, emitir el voto de castigo, denunciar a aquellos partidos y grupos que nos han llevado a la crisis actual, luchar por una Europa diferente, una Europa más justa en el que todos los europeos nos sintamos parte de ella y no subordinados a una oligarquía política y económica. Valoremos el poder de decisión ciudadana. Pidamos más Europa, más europeos y menos manipulación y corrupción por parte de unos pocos. Que no nos engañen.

Suerte y feliz domingo.

viernes, 16 de mayo de 2014

Europa vota: Cosas a tener en cuenta a nivel de usuario básico

Queda poco más de una semana para que se celebren en España las elecciones al Parlamento Europeo y el ambiente se hace notar. Esperamos que sean pocos los que queden sin saber que el próximo 25 de mayo hay que meter otra vez el papelito en la urna, pero no será fácil no enterarse. No hace falta nada mas que poner la tele y ver cómo nuestros queridos políticos vuelven a celebrar su particular "Navidad" electoralista: buenas intenciones, compromisos, promesas, generosidad, democracia, etc., aunque a alguno se le escape de vez en cuando grandes perlas que no pasan desapercibidas, aún menos realizadas en un debate televisado.

Al caso, estas elecciones tienen un toque distinto, algo diferente que no mucha gente conoce, básicamente debido a la falta de información. No es que enviemos a señores más preparados al Parlamento Europeo, ni que se inaugure una nueva decoración en el hemiciclo. En 2009 se aprobó el Tratado de Lisboa, cosa que para muchos ciudadanos europeos poco les dice. Explicándolo a pie de calle, con este tratado firmado hace 5 años, las elecciones de este año darán un mayor poder al Parlamento Europeo para aprobar leyes, es decir, haría las funciones similares a las del Congreso de los Diputados en España, la Asamblea Francesa o el Parlamento de Italia, por poner tres ejemplos.

Existe una serie de grupos políticos europeos en el Parlamento Europeo, entre ellos los más conocidos: Partido Popular Europeo (EPP), Socialistas y Demócratas o Partido Socialista Europeo (S&D), Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa (ALDE), el Grupo de los Verdes o la Izquierda Unitaria Europea. También cuentan con representación otros partidos como las agrupaciones euroescépticas, pueblos no representados y aquellos no inscritos e independientes.

Cada partido español al cual votamos se encuentra inscrito en alguna de estas formaciones, o pueden representar un grupo independiente. Es fácil intuir a cuales pertenecerán los más votados a nivel nacional. Por tanto nuestros eurodiputados españoles se encuentran formando parte de ese gran grupo político europeo, que tendrá un cabeza de lista, como todo partido. Así por el Partido Popular Europeo el cabeza de lista es Jean-Claude Juncker, por el Partido Socialista, Martin Schulz; la Alianza de los Liberales con Guy Verhofstadt; en el Partido Verde comparten cabeza Ska Keller y José Bové; y el Partido de Izquierda Unitaria es representado por Alexis Tsipras. 

Cada Estado tiene asignado un número específico de escaños en el Parlamento, así a España le corresponden 54 asientos de los 751 totales que serán repartidos en función de los partidos nacionales a los que votemos. Este reparto ha sido modificado de los 766 escaños actuales a 751 para cumplir con el Tratado de Lisboa y encajar la adhesión de Croacia el año pasado. España ha conservado sus 54 asientos por lo que diríamos que adquiere mayor representación respecto a la totalidad del Parlamento. Esto deja claro que el señor Arias Cañete y la señora Valenciano tienen prácticamente asegurado su puesto como eurodiputados pero la diferencia la marcará la lista de candidatos que lleven con ellos a Estrasburgo y engrosen los escaños pertenecientes a las grandes coaliciones políticas antes mencionadas.

El cabeza de lista del partido que consiga más escaños y llegar a la mayoría requerida, será propuesto para el cargo de Presidente de la Comisión Europea y aprobado por los miembros del Parlamento resultante de las elecciones. El nuevo presidente, en sustitución del actual, Durao Barroso, elegirá los miembros que compongan la nueva Comisión, de entre ellos el Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad (equivalente a ministro de Asuntos Exteriores), que tomará el relevo de Catherine Ashton. Los nuevos miembros tendrán que someterse al voto de aprobación del Parlamento. Es decir, el Parlamento Europeo tendría una función más similar al Congreso de los Diputados español, y la Comisión albergaría el poder ejecutivo, el Gobierno. 


Después de toda esta explicación, prosigo mi valoración sobre el transcurso de la campaña electoral. Y es que a decir verdad, más que una campaña electoral europea, tiene tintes de revanchismo a escala nacional. El debate en TVE entre el candidato popular y la candidata socialista fue de los que menos audiencia obtuvo entre todos los debates electorales, y con razón. Aquellos que nos interesamos en cierta medida por la política echamos de menos una perspectiva europea que fue escasamente mencionada, mientras que los argumentos fundados en el "y tu más" se asemejaban más a un partido de tenis de mesa que a un debate serio. Pero parece que nos hemos acostumbrado a este diálogo monótono y sin contenido. Lo preocupante es que todavía muchos electores no saben para qué sirve su voto gracias a esta desinformación y anteposición de los intereses nacionales en unas elecciones donde las promesas electoralistas a nivel España tienen poco que ver con su finalidad real. Al fin y al cabo, los partidos españoles lo toman como un barómetro de cara a las elecciones generales el año próximo.

Por suerte, en nuestro país no se produce con fuerza un fenómeno, si cabe, inquietante, que en otros Estados ya comienza a dar avisos de que algo no va bien en Europa. Es el gran ascenso de partidos nacionalistas y abiertamente eurófobos dispuestos a dinamitar las bases de la Unión Europea. En Reino Unido, Francia y Países Bajos, el UKIP, Front National y PVV esperan ser los partidos más votados y reivindicar la salida de estos Estados de la UE volviendo a la Europa de las fronteras nacionales. No hay más que leer las declaraciones del holandés Geert Wilders, lider del PVV: "los europeos no existen".
Este preocupante apoyo creciente a los partidos ultranacionalistas no tiene otra explicación que el descontento ciudadano con la gestión de la crisis económica por parte de las instituciones europeas, la polarización económica entre el Norte y el Sur europeos, el desempleo en aumento y la migración dentro de las fronteras internas que despierta la desconfianza entre los Estados miembros. Tales formaciones populistas han encontrado la ocasión perfecta para captar adeptos señalando cada día nuevos chivos expiatorios que invaden nuestras fronteras para traer el mismo mal de los infiernos.

No es este el único problema en ascenso de cara a las elecciones, sino también la alta abstención prevista. El descontento con la clase política lleva a muchos a plantearse no votar en las elecciones, y esto no hace más que favorecer precisamente a quien menos uno espera dar el voto. Un voto menos es regalárselo a aquel partido al que más detestas, es perder la oportunidad para expresar el propio descontento, o por el contrario, la identificación ideológica con los candidatos a representarnos. Muchos nos encontramos en la tesitura de no saber a qué partido dirigir el voto.

En estas elecciones, como un europeo más, animo a votar a todos los que son llamados a ejercer su derecho. A pesar del resentimiento general, de la falta de información y la cuestionada credibilidad de nuestros políticos, si no votamos, nunca lograremos cambiar nada. Las urnas son una de las formas tradicionales de manifestarse la democracia moderna, la cual es mejorable, pero es la que otorga poder al pueblo para decidir su futuro. Si no nos movemos, si no ejercemos el derecho a voto, no tenemos derecho a quejarnos de los resultados ni a reivindicar otros gobernantes para un futuro mejor.

















miércoles, 14 de mayo de 2014

Vergüenza y demagogia

De manera improvisada comienzo este post. Hasta hace un momento no consideraba su relevancia, pero finalmente decido publicarlo por ser un tema de crítica bastante delicado.

Ayer, 12 de mayo de 2014 la Presidenta de la Diputación de León era asesinada a tiros y todos los medios se harían eco de la noticia rápidamente. No solo los medios de comunicación como la televisión o la prensa escrita, sino que las redes sociales eran las que bullían de mayor actividad ante tal desgracia. ¿Qué haríamos sin ellas?

La gran virtud de las redes sociales, como Twitter, por la cual difundo generalmente mis entradas, es que su sistema de microblogging permite la información instantánea desde cualquier lugar del mundo en el que se tenga acceso a estas. Claro está que cuando aparece una noticia de última hora, cada vez somos más los que nos enteramos a través de estos medios. Parte de esta virtud es que nosotros nos convertimos en comunicadores de noticias formando parte de una mecha que acaba de prender. Esto significa que la libertad de expresión, en gran medida y por suerte, está a la orden del día. 

Ahora bien, tenemos una bonita caja de Pandora al alcance de todos los que podemos acceder a ellas, y publicar un post no cuesta más que un click. Ojo, que defiendo el uso de las redes como medio de libertad de expresión. 
Pero yendo al grano, mi malestar no viene por la accesibilidad y el protagonismo que nos pueda dar una red social, sino por la noticia de ayer: asesinan en León a Isabel Carrasco, la Presidenta de la Diputación. Como cualquier otro suceso de las mismas características requiere una investigación para encontrar a los/las culpables y el por qué de tal crimen. Mientras tanto los medios de comunicación generan posibles hipótesis sobre las informaciones que van llegando, y las redes sociales generan reacciones, opiniones, entre otras cosas; y lo que viene siendo dañino, comentarios bizarros e hipótesis sin más argumento que la pura demagogia. Ambas categorías de publicaciones son las que desprestigian el poder de las redes, no por su naturaleza sino por el uso que se hace de ellas.

Así es deplorable y lamentable encontrar comentarios sobre personas que se alegran de la muerte de otra. La frialdad de ciertos usuarios hace cuestionar hasta dónde puede llegar la libertad de comentar y publicar un tuit. Personalmente, no conocía la existencia de la víctima antes de que se publicase la noticia, por lo que no podría hacer crítica. Añado mis respetos por el dolor de los miembros de su entorno.
Por otro lado, me indigna las conclusiones por adelantado que algunos periodistas de actualidad realizan y la imperante necesidad de buscar culpables ideológicos, añadiendo más leña al fuego de la crispación. Muchos ciudadanos se habrán sentido profundamente ofendidos al ser criminalizados por participar en una manifestación contra el gobierno, contra los desahucios, en un escrache o abucheo a ciertos políticos. 
No apoyo en absoluto el paso a la violencia física, pero solo por defender unos derechos básicos y una dignidad humana, es tan fácil ser criminalizado de ser un futuro violento o terrorista. Demagogia barata es la que habla de una persecución contra los políticos, la que compara a la ciudadanía indignada con el terrorismo de ETA o la revolución bolchevique. Si lo que se pretende es incitar el odio, van por el buen camino, pero así jamás contribuirán a una convivencia sana, ni los que festejan fríamente un asesinato, ni los que señalan y acusan gratuitamente sin pruebas contrastadas.

Brevemente, pongo de manifiesto otra vez que defiendo el uso libre de las redes sociales, pero la responsabilidad y el impacto de las publicaciones corren a cargo de quien lo publica. Creo así que la denuncia social debe regular qué posts son los que violan la dignidad de las personas o hacen apología de la violencia y el crimen. Asimismo, es bochornoso encontrarse con profesionales de renombre que saquen partido de una manera sucia a los sucesos producidos. Parecerá que nos hemos vuelto locos, pero no, es el pan de cada día en este país y seguro que en muchos otros.

Por último, he de decir que tal como tuiteó un candidato a las próximas elecciones al Parlamento Europeo, con el cual no comparto una gran afinidad, todos estamos de luto cuando un político es asesinado, pero cuando una mujer a punto de ser desahuciada se suicida, no es noticia. Consideren que yo también peco de demagogia, pero así es la realidad, y no nos la cuentan.

lunes, 12 de mayo de 2014

Eurovisión: Espectáculo, geopolítica europea y polémica servida

Aunque este asunto de actualidad no se ajusta a la temática estricta del blog, quisiera hacer una mención especial al Festival de Eurovisión, siempre en boga cada mes de mayo.
Eurovisión es el festival de la canción más conocido en Europa. A cualquier europeo que se nos pregunte sobre ello, tendrá una opinión determinada: entretenido, sentimiento europeísta, cultura, diversión, o engaño, favoritismo, amiguismo vecinal, etc.

Desde 1956 se ha retransmitido cada año en las televisiones nacionales de los países participantes y no participantes. Entonces, cuando España comenzó a participar desde 1961, Eurovisión representaba un intento diplomático de hacer conocer la España de Franco que comenzaba su apertura después de una década de aislamiento absoluto del exterior. Sería con el "La la la" de Masiel en 1968 cuando España consiguiera hacerse notar de verdad en el festival, siendo la primera de las dos veces que ganase, pues la segunda vez lo haría con Salomé al año siguiente y compartiendo el premio con Francia, Reino Unido y Países Bajos.

Hoy día las tendencias musicales que cada país lleva en representación al festival han cambiado drásticamente. La primacía del espectáculo sobre la música y la apertura a nuevos Estados del antiguo bloque soviético y la antigua Yugoslavia, ha enriquecido y modificado la naturaleza de sí mismo. Ahora bien, ya se convierten en tradicionales las críticas a los sistemas de votaciones año tras año, modificadas continuamente para evitar las influencias externas al hecho de elegir la canción que muestre mayor calidad artística. Aún así, será muy difícil lograr un sistema justo. Si los tele-espectadores pueden votar libremente, ¿quién me dice a mi si vivo en otro país que no vote por el mío propio?  

En todo caso, y a pesar de las debilidades del festival, lo que más llama la atención, o por lo menos a la persona que escribe este articulo, son las relaciones internacionales reflejadas en un espectáculo internacional. No es el fútbol, ni baloncesto ni ningún otro deporte que represente a los Estados, sino la música. La explicación más sencilla a la politización de esta es la posibilidad de que los espectadores elijan su opción favorita, por lo tanto es más fácil detectar las afinidades nacionales y las desafecciones hacia otros Estados conectado con la actualidad política y social.

En la 59ª edición del Festival de la Canción de Eurovisión en 2014 hemos podido ver reflejados todos estos ámbitos. Un ejemplo es la mera mención de Rusia en la votación final, la cual despertaba grandes abucheos entre los espectadores presentes en Copenhague. No hace falta explicar de nuevo el contexto actual para darle una explicación. Tampoco podían faltar los habituales votos a vecinos se encontraban presentes. Alguno debería apostar en una quiniela por adivinar el top 12 de cada país que se sucede en la votación.

Por otro lado, las redes sociales adelantan con gran precisión quién es el claro o la clara favorita a ganar antes de comenzar. De todas maneras, y a pesar de la continua polémica, se podría decir que la ganadora austriaca, Conchita Wurst, merecía con creces el premio. es verdad que otras opciones entraban entre las favoritas, como la holandesa con una clara similitud a The Police o incluso la húngara, presentando una problemática actual que nos afecta directamente a la sociedad, sea europea o del continente que sea, la violencia doméstica. 

Tampoco serían de menos los comentarios de carácter LGTBfóbicos entre los concursantes. El representante de Armenia declaraba que había que hacer decidir de una vez a Conchita Wurst a elegir entre ser hombre o mujer porque no puede haber otra opción. Esto desató una lluvia de críticas entre los eurofans haciendo notar de alguna forma una diferenciación sobre a tolerancia hacia el colectivo LGTB en los diferentes Estados de Europa.
Así la actuación de la ganadora, la mujer con barba, conseguía de forma transgresora dar ejemplo una vez más de que en Europa se consigue niveles de tolerancia que en otras partes del mundo no existen. Es posible que la caracterización de un hombre travestido y con barba sea una estrategia para captar la atención social, especialmente de colectivos más específicos que representan la mayor expectación, pero en el escenario también destacó por calidad de voz, así como otros representantes pueden carecer de ella. 

En definitiva, cada año, no solo es la celebración de un festival musical a nivel europeo con sus más y sus menos, sino que sus continuas polémicas reflejan las dinámicas sociales y políticas del continente europeo. En propia opinión, un punto en contra del festival viene de la extrapolación de la política en el espectáculo, sin embargo a favor mostraría la gran tolerancia hacia la diversidad social que Europa muestra al mundo en el siglo XXI. Algunos esperamos que no solo se quede en un fenómeno televisivo, sino que se traduzca realmente en un respeto a las libertades individuales que deberían ser parte de la identidad de una Europa para los ciudadanos que muchos tratamos de defender.



lunes, 24 de marzo de 2014

Zašto?

"Zašto?" en serbio significa "¿por qué?. Caminando por el parque Tašmajdan de Belgrado, al lado de la iglesia de San Marcos podemos encontrar una lápida memorial con estas palabras. A su izquierda y salvando un desnivel, vemos un edificio medio derruido que podría pasar por un edificio abandonado como otro cualquiera, pero no es un edificio sin más, aquel fue el edificio de la televisión nacional serbia hasta 1999, el cual fue derribado el 23 de abril de dicho año en nombre de la paz y causando 16 muertos.

Hoy se cumplen 15 años del inicio de los bombardeos de la OTAN sobre suelo serbio. Son 15 años desde que una guerra ilegal fue perpetrada por los intereses de los de siempre contra la población civil de un Estado en descomposición, un país en el que los delirios de su gobernante servían de justificación para hundir por completo un Estado que una vez aspiró a convertirse en una gran potencia regional y estabilizadora de los continuos conflictos nacionalistas en los Balcanes. 

Ya entonces lo que conocíamos como Yugoslavia había perdido gran parte de su territorio. En 1991 Eslovenia declaró su independencia, seguida de Croacia a través de una guerra de independencia apoyada por la Comunidad Económica Europea y posteriormente reconocido el nuevo Estado por Naciones Unidas. Territorios en litigio con Serbia, los cuales conformaban la Krajina y con mayoría de población serbia, quedaron en manos de Croacia tras el Convenio de Erdut y reconocido por la Resolucion 1023 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La República de Macedonia declaró su independencia en 1991 aunque no fue reconocida internacionalmente hasta 1993 debido a la disputa con Grecia por la denominación del nuevo Estado.
El Estado yugoslavo no pudo frenar su disgregación, los nacionalismos acuciaban a las repúblicas que formaban la federación y su máximo exponente se alcanzó en la guerra de Bosnia, del 1 de abril de 1992 al 14 de diciembre de 1995. En 1992 se decide en referéndum la independencia de Bosnia y Herzegovina, el cual fue boicoteado por las autoridades de la República Srpska, de población serbia y parte componente de Bosnia. El presidente entonces de la República Serbia, Slobodan Milošević, apoyando al líder nacionalista serbobosnio Radovan Karadžić, llamó a la unidad de los serbios y el derecho a vivir en una sola nación. Los actos del ejército serbobosnio a la orden del general Ratko Mladić, dejaron en evidencia la protección de los serbobosnios y propiciando matanzas como la ya conocida masacre de Srebrenica, donde fueron fusilados más de 8000 bosnios musulmanes. Esta no fue la única masacre y el ejército serbobosnio no fue el único en practicar asesinatos en masa, sino que los contendientes croatobosnios y bosniacos musulmanes tomaron parte en la persecución y eliminación de población serbocroata en territorio bosnio (véase la Operación Tormenta, con 150 muertos y mas de 150.000 desplazados). La guerra, alentada por las ansias de reparto territorial entre el líder croata Franjo Tuđman y Slobodan Milošević, en total acabó con la pérdida de más de cien mil vidas. El apoyo militar de la OTAN la las fuerzas croatas y musulmanas minimizaron la importancia de las víctimas serbias, lo que ofendió la moral de la sociedad serbia la cual no sabía si sentirse culpable u ofendida por las consecuencias de la guerra.  Los Acuerdos de Dayton alcanzados en 1995 dieron pie al nuevo Estado de Bosnia y Herzegovina, experimentando con una Yugoslavia en tamaño reducido donde tres identidades nacionales tenían que convivir en paz tras una dura guerra donde se desataron los odios más profundos.

Pero tras toda esta explicación resumida de la disgregación de Yugoslavia, el tema central es la última guerra que golpeó Serbia. Cuando esta era la República Federal Socialista Serbia dentro de Yugoslavia, las Provincias de Vojvodina y Kosovo gozaban de una amplia autonomía. Kosovo precisamente estaba habitado en un 75% hacia los años 1980s por población albanesa ante una menguante población serbia que conformaba alrededor de un 13% del total, casi tres veces menos que cuarenta años atrás. La evolución demográfica hizo que la población albanesa siguiera aumentando hasta un 90% en los años 2000 debido a las altas tasas de natalidad frente a una progresiva reducción de población serbia que hoy no llega al 10% agravada por los conflictos interétnicos que se estaban produciendo en la provincia. Las autoridades pasaron a manos albanokosovares gracias a la autonomía concedida y las escuelas podían enseñar en idioma albanés.
Esto hizo que la población serbia se sintiera cada vez más discriminada y desplazada. La violencia étnica contra ellos y el ascenso de Milošević con su política nacionalista, desembocó en la anulación de la autonomía en 1989, retornando el serbio como lengua vehicular, reduciendo la influencia de la mayoría albanesa y persiguiendo a los anteriores dirigentes de la provincia.

Kosovo creó un gobierno paralelo al establecido desde las autoridades de Belgrado, con Ibrahim Rugova al frente desde 1992. Por entonces se constituye el grupo terrorista Ejército de Liberación de Kosovo conocido por las siglas en albanés (UÇK) comandado por el actual presidente kosovar y criminal de guerra Hashim Thaçi. El UÇK cometía atentados contra objetivos serbios por la liberación de Kosovo. Entonces múltiples enfrentamientos se produjeron entre el Ejército de Yugoslavia y las guerrillas del UÇK, pero el interés y la atención internacional no llegó hasta 1998. Fue mazor el interés cuando se publicaron datos sobre la matanza de Račak, del 15 de enero de 1999 donde las informaciones hablan de 45 muertos entre ellos 3 del UÇK, de las cuales se les atribuyó la autoría a fuerzas serbias. Más tarde se ha descubierto que los datos fueron manipulados, y asesinatos causados por el propio UÇK contra su población fueron atribuidos a la población serbia, causando una espiral de odio mutua y avivando verdaderos enfrentamientos étnicos en ambos sentidos, y desplazamientos de población ante la inseguridad de ser tomados por las guerrillas o por el ejército. 

La ronda de negociaciones de Ramboulliet fue organizada por la OTAN entre enero y febrero de 1999 para justificar el bombardeo de las ciudades serbias ya que Milošević se negaba a aceptar las duras sanciones internacionales. Los representantes serbios rechazaron el intento de imposición internacional de medidas que proponían la escisión de Kosovo de la República Serbia formando otra república en lo que quedaba de Federación Yugoslava, de lo contrario, políticos albanokosovares tomarían parte importante en la representación parlamentaria en Belgrado y ejercería una influencia considerable en la política serbia. Estas propuestas eran inaceptables para el gobierno serbio, por lo que Ramboulliet resultó un fracaso de la diplomacia, en gran medida alentado por deseos de intervención y establecer influencia estadounidense en un estratégico enclave balcánico de cara al control del Oriente Próximo. La entonces Secretaria de Estado estadounidense de origen checo, Madeleine Albright, que pasó parte de su infancia en Belgrado, demonizaba todo aquello que sonara a serbio, acusando a la sociedad de tener las manos manchadas de sangre, y por eso había que castigarles duramente, era necesario realizar una intervención ilegal pero sería "justa". Así llegaban a un acuerdo con las autoridades lideradas por el militar y criminal Hashim Thaçi para actuar a favor del UÇK, inmortalizado en múltiples fotos entre las que se encuentra la del apretón de manos con el entonces Secretario General de la Alianza Atlántica Javier Solana. 

La intervención "humanitaria" de la OTAN comenzó el 24 de marzo de 1999, sin haber obtenido la aprobación del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, lo que lo convierte con claridad en una guerra ilegal. Pero esta guerra "humanitaria" y mediáticamente llamada "quirúrgica" conseguía lanzar sus misiles tomahawk sobre la capital yugoslava y otras ciudades importantes de Serbia, destruyendo no solo edificios estratégicos y gubernamentales que dejaron unas pérdidas de 29,6 mil millones de dólares, sino también centenares de escuelas, hospitales, viviendas fueron arrasadas, y lo peor, llegando a cifras de alrededor de 2.500 civiles muertos entre ellos 88 niños, 3.500 bajas en el ejército, y 250.000 desplazados que se produjeron tras 78 días de bombardeos en los que las informaciones no dan cuenta de las cantidades de uranio empleadas en sus armas. La radiactividad ha aumentado en Serbia a raíz del bombardeo, con un incremento en los casos de cáncer y otras complicaciones derivadas en la población. 

La cuestión principal de esta guerra no era sino desplazar al Ejército de Yugoslavia de la provincia de Kosovo y dejarlas en control de las fuerzas de la OTAN, por supuesto apoyadas plenamente por el UÇK. 
No solo no era legal, sino que su intención principal no parecía la protección de la población albanokosovar aunque fuera el mayor pretexto, sino establecer el control sobre una región inestable como punto estratégico para los intereses de la Alianza. Al bombardear a la población civil serbia, conseguía desmoralizarla, atacar en los puntos más débiles en vez de centrarse en su falsa intervención "quirúrgica" contra el gobierno yugoslavo. Al fin y al cabo, las víctimas serbias no eran mas que "daños colaterales" inevitables para la Alianza Atlántica. Con la antigua estrategia militar de "divide y vencerás", los aliados consiguieron hundir en una profunda depresión económica y social a Serbia, un país cuyos gobernantes déspotas fueron clave fundamental en la estrategia occidental para intervenir en nombre de los derechos humanos mientras estos se encuentran últimos en la lista de sus objetivos. 

La doble moral atlantista delata sus intenciones pero el impacto sobre la sociedad de un Estado europeo ha marcado y marcará por bastante tiempo la resignación y el rechazo de parte de la sociedad serbia ante cualquier apertura hacia la Alianza Atlántica. La población ha acabado asumiendo los costes tanto morales como materiales de la guerra, y los prejuicios internacionales se han mantenido hasta hace bien poco sobre los serbios, pero la realidad es mucho más lejana. En opinión personal, no he conocido antes una sociedad tan hospitalaria y generosa como la serbia. Las calles de Belgrado y Kragujevac, las dos ciudades serbias que he tenido el placer de conocer, les encontré llenas de movimiento y un ambiente alegre, lejos de los estereotipos grises de la Serbia afectada por la guerra. La fortaleza de Kalemegdan en la Ciudad Blanca, luce verde en un día de sol, en la que se alza uno de sus símbolos más importantes y que tengo por avatar, la estatua del héroe, mirando de cara a la confluencia de los ríos Sava y Danubio, delata un optimismo sobre un futuro todavía incierto para una sociedad afectada de una crisis económica agravada por los acontecimientos producidos 15 años atrás. Una sociedad serbia en 2014 que busca la reconciliación duradera con sus vecinos y la entrada en la Unión Europea para así dejar atrás el horror del pasado. Son pasos hacia delante dispuestos a recuperar la confianza en una comunidad internacional que banalizó y restó importancia a las víctimas en suelo serbio, como todavía hoy en día se hace en otros lugares. Serbia mira al futuro como el resto de la sociedad que una vez habitó en un Estado llamado Yugoslavia, pero en la memoria colectiva todavía quedan acciones sin responsables y una pregunta a la que no se le ha dado respuesta: ¿por qué?








domingo, 23 de marzo de 2014

Del 22-M a la muerte de Adolfo Suárez

Volviendo al panorama nacional, hemos tenido un fin de semana intenso en cuanto a información mediática se refiere y por tanto quisiera plasmar mi valoración sobre la escena política española de los últimos días. Me hubiera gustado dedicarle una entrada a cada uno de los acontecimientos pero he decidido no extenderme tanto y poder encontrar una relación entre ellos. De hecho, antes de que comience el "Clásico" y encuentre otros argumentos con los que criticar despiadadamente tan importante encuentro deportivo, prefiero centrarme en lo ya sucedido. Quede constancia de que estaré al tanto del partido.

Sábado 22 de marzo, la prensa tanto televisiva como escrita comienza a dar cierta relevancia al movimiento 22M, es decir, la llegada a Madrid de todos los rincones de España de decenas de miles de personas (o incluso más, ya que la manipulación de los datos está a la orden del día) que se concentran en una manifestación multitudinaria para denunciar la grave crisis política que nos inunda en todos los ámbitos. Ya había comentado anteriormente con bastantes personas que los medios de comunicación no habían dado información los pasados días sobre el evento, a excepción de los más orientados hacia la izquierda política y en las redes sociales. No parecía un hecho de importancia como para avisar a los ciudadanos poco avezados en el mundo de internet, al fin y al cabo las consecuencias no serían novedosas. Sin embargo, el día anterior, el político Adolfo Suárez Illana comunicaba a la prensa el progresivo deterioro de la salud de su padre, el expresidente del gobierno, Adolfo Suárez, cuyo fallecimiento sería inminente en las siguientes 48 horas. Tales informaciones se extendían por los informativos de la televisión a la velocidad de la luz. Reportajes y entrevistas sobre la vida y carrera del presidente clave de la Transición Española se emitían desde las primeras informaciones tal como si el expresidente hubiera fallecido, pero la realidad es que todavía se encontraba acompañado de su familia en sus últimos momentos. El revuelo mediático supera mi capacidad de juicio: estaba todo preparado para el inminente desenlace, el Congreso preparado para ser la capilla ardiente, las televisiones intensificando su recuerdo al fallecido, la misa ya programada, y el expresidente todavía en vida. Todo ello me causa una extraña sensación, un interés por el sensacionalismo ante un evento doloroso para una familia, y sin embargo otras noticias importantes quedan relegadas a un segundo plano, o a un tercero. 

Esta mañana las informaciones en los periódicos recogían lo peor de las protestas. Grupos radicales antisistema eran anoche protagonistas de la violencia en las calles de Madrid, y por tanto venían a representar el espíritu del 22M, y cómo no, los titulares no podían ser menos duros descalificando las maifestaciones de ayer: un saldo de 24 detenidos y 101 heridos, entre los cuales 69 eran policías. Así se descalifican las reivindicaciones ciudadanas. Miles y miles de personas, tras pesadas horas de viaje, vienen a alzar la voz y clamar por los derechos que nos pertenecen a todos, por la situación insostenible de muchos españoles y como rezaba el lema, por la "dignidad" a poder vivir, a poder tener un futuro en este país. Mientras tanto los protagonistas de la jornada se reducían a menos de un uno por ciento del total de personas en la manifestación. Grupúsculos radicales obtienen su momento de gloria causando disturbios, destrozos del mobiliario urbano, o arrojando adoquines de la calzada a la policía, unidos a las represalias de los antidisturbios, lo que lo convierte en una batalla campal ya cotidiana en la capital. 
Nota para los foráneos: no pretendo dar a entender que en mi ciudad en cualquier parte puedan encontrarse batallas de este tipo con la policía. Puedo asegurar que en las calles más céntricas se respiraba un ambiente absolutamente tranquilo de fin de semana.

Precisamente de esta manera deslegitimamos el valor de nuestras reivindicaciones. Aquellos colectivos reducidos de antisistema no se percatan de que sus acciones acaban volviéndose en su contra, y en contra de todos. Son objetivo fácil en los argumentos de las autoridades políticas para descalificar a la ciudadanía manifestante y por tanto seguir tomándonos el pelo. Mientras hagan uso de la violencia injustificada en nombre de todos, difícilmente podremos dar una lección de ciudadanía y nos sumirá en un mayor inmovilismo ante los mayores recortes de la democracia en España.

Democracia, bonita palabra, que desde el medio día de hoy no paraba de repetirse en los medios ante la reciente muerte de Adolfo Suárez, primer presidente del gobierno español elegido democráticamente en España desde las últimas de la Segunda República Española en 1936. No podemos olvidar su papel clave, aquel que era un político poco conocido saltaba a la escena española de la recién estrenada democracia. Entonces España comenzaba a dar sus primeros pasos de libertad política en la historia reciente. Si bien es verdad, las críticas a la Transición nunca faltan, pues hoy día contemplamos las consecuencias tanto buenas como malas de aquel proceso. Un consenso entre fuerzas políticas y nacionalistas de toda índole cuyo objetivo era la intención de borrar el mito de las dos Españas, pero que no pudo evitar los desacuerdos que siguen a la orden del día. Es fácil criticar un proceso de democratización, pero también es dificil de consensuar. Desde mi punto de vista, no cuestiono el papel de los artífices de la Transición a pesar de mis discrepancias ideológicas, pero me hace reflexionar sobre el mérito de lograr un acuerdo entre fuerzas opuestas, profundamente marcadas por la Guerra Civil y 40 años de Franquismo. 

Los errores o los agujeros del proceso de la Transición son difíciles de evitar, y por ello a medida que avanzamos en la construcción de una España más estable, se van vislumbrando. Por ello nos cuestionamos ¿monarquía o república?, ¿Estado de Autonomías, federal o unitario?, ¿Estado laico o aconfesional?, ¿recuperación de la ley de memoria histórica? y un sinfín de preguntas que mantiene las discrepancias entre la población española y que culpan al post-Franquismo de no haberlas resuelto. Es verdad que los sucesivos gobiernos no han logrado establecer por completo los objetivos idealizados de la Transición, a la que ya se llega a calificar de "mito", pero debemos tener en cuenta que el papel de políticos como Adolfo Suárez fue un ejemplo tanto a nivel nacional como internacional de que España estaba dispuesta a llevar a cabo una trayectoria democrática sin más derramamiento de sangre.  
Por este motivo los ciudadanos debemos tomar parte de la democracia, no reducida a echar un papel en una urna cada cuatro años, sino de reivindicar nuestro papel como sociedad madura, dueña de su futuro. Ya sé que son palabras redundantes e idealizadas pero si seguimos en la senda del inmovilismo temeroso al radicalismo y complaciente con los excesos y abusos de nuestros gobernantes, y el extremismo deseoso de ganar adeptos fáciles y desestabilizar por completo la democracia, no nos aseguraremos alcanzar nuestros objetivos comunes. Seamos consecuentes. 





jueves, 20 de marzo de 2014

Quebraderos de cabeza: Ucrania y el polvorín de Crimea

Tras intentar resistirme a debatir sobre el tema que copa todos los periódicos, al final he cedido a escribir una entrada. Los recientes acontecimientos en Ucrania reflejan un panorama muy complejo y  a la vez complicado del cual no pretendo decir nada nuevo que no se haya dicho, sino plasmar mis impresiones sobre los eventos ocurridos y los que es posible que estén por ocurrir.

Una de las claves que hacen de Ucrania un Estado difícil de llevar es la polarización ahondada en las características culturales y lingüísticas de su sociedad. Las provincias o óblasts occidentales son mayoritariamente de habla ucraniana, sin embargo las orientales y del sur son de habla rusa.

Como todo aquel que lee la prensa, sabemos que el detonante de la crisis actual en Ucrania, mencionado por los medios de comunicación, comienza con la suspensión de la firma del Acuerdo de Asociación y el Acuerdo de Libre Comercio del gobierno del depuesto presidente Viktor Yanukovich con la Unión Europea, el 20 de noviembre de 2013. El descontento social en la capital ucraniana se dejó notar, y entonces no muchos internacionalistas preveían que la crisis pudiera alcanzar unas dimensiones preocupantes. Tenemos el precedente de la Revolución Naranja en 2004 donde ya el señor Yanukovich era acusado de fraude por amañar las elecciones, a lo que las protestas obligaron a repetir el proceso electoral del que el lider prooccidental Viktor Yúschenko salió elegido.

Atendiendo a la división polarizada antes hecha, tradicionalmente en las elecciones ucranianas se ha vislumbrado esta división: la mayoría de votantes a los partidos políticos prooccidentales y nacionalistas se concentran en el Oeste, mientras que los votantes de partidos prorrusos en el Este.

En el caso de la destitución forzada del expresidente Yanukovich responde a un profundo descontento social ante la concentración de poder del presidente, el recorte de la libertad de expresión y los escándalos de corrupción que salpicaban a los más altos cargos. La crisis económica empujaba y empuja a los ciudadanos de Kiev a buscar un medio para cambiar el rumbo que el gobierno estaba llevando al país.
Muchos sectores de la sociedad consiguieron hacer de la emblemática plaza de Maidán de Kiev una verdadera batalla campal, entre las fuerzas de seguridad y según algunas informaciones, una mano negra enviada por el gobierno de Rusia, la batalla dejó de ser una protesta para convertirse en una carnicería con más de cien víctimas mortales. Al fin y al cabo, se consiguió el propósito de hacer huir al presidente y acaparar el poder del Parlamento.

Hoy no se constituiría una crisis tan grave si no fuera por la singularidad de Ucrania en su conformación territorial, demográfica y la importancia estratégica que tiene para Rusia. Esta por su parte expresa su rechazo rotundo a la deposición de su aliado Yanukovich, escudándose en la existencia de grupos ultranacionalistas que hoy por hoy son una fuerza importante en el nuevo Parlamento y copan algunos ministerios del gobierno interino. Los hechos en Kiev despiertan la alarma en las provincias rusófonas y sobre todo en la República Autónoma de Crimea.

Crimea es hoy día el centro de todas las miradas internacionales. Región de población mayoritariamente rusa con minorías ucraniana y tártara originarios de la península. Si la distribución territorial de Ucrania es verdaderamente compleja, Crimea representa la complejidad absoluta en sus características geopolíticas, estratégicas y sociales. Su declaración de independencia el 11 de marzo de 2014 y el referéndum con resultado a favor de integrarse en la Federación Rusa del 16 de marzo abre la brecha una vez más en el cumplimiento del derecho internacional. Aún así, si atendemos a antecedentes históricos: hasta 1954, Crimea pertenecía a Rusia y fue cedida por el presidente soviético Nikita Kruschev a la República Socialista Soviética de Ucrania, sin prever que la Unión Soviética desaparecería en 1991 y abriría el conflicto por la soberanía de la península. Ya desde entonces se han producido múltiples reivindicaciones sociales y políticas para su retorno a Rusia.  De hecho, esta cuenta con el control de una base militar, la famosa Flota del Mar Negro, en la ciudad crimea de Sebastopol, cedida a Rusia hasta 2042.

Los acontecimientos recientes cambian por completo los estatutos que rigen la soberanía de Crimea. Hoy día tras la firma de adhesión a la Federación Rusa el 18 de marzo, pertenece a esta de facto. No hay un reconocimiento internacional sobre esta transferencia de poder, y los mayores defensores de la unidad de Ucrania vienen siendo la Unión Europea, Estados Unidos y el gobierno ucraniano como es obvio. Parece bien claro que no cumple con el derecho internacional, pero el presidente Putin siempre encuentra argumentos claros que ponen en evidencia la hipócrita posición del mal llamado "bloque occidental". Como siempre Kosovo aparece en cualquier justificación de Vladimir Putin. Los graves errores de la Alianza Atlántica en la antigua Yugoslavia siempre sirven para callar las voces occidentales. Ya ocurrió con la guerra de Georgia en 2008 con la independencia de facto de Abjasia y Osetia del Sur y ahora ocurre con Crimea, con mayor relevancia para los intereses rusos.

No es sino una muestra más del hard power que las grandes potencias pueden llegar a ejercer para escapar fácilmente de la débil aplicación del derecho internacional. La Unión Europea no puede posicionarse muy a la defensiva de Rusia pues el abastecimiento energético de muchos de sus miembros depende en su mayoría del gas natural ruso. Rusia amenaza con la intención de buscar nuevos socios energéticos, lo que debería hacernos temblar o de otra manera convencer a Rusia de que no es buena idea dar tal estocada cuasi mortal a la economía europea. Mientras tanto Estados Unidos tiene mayor libertad de margen y puede permitirse comentarios de sus responsables de asuntos europeos en el Departamento de Estado como "que se joda la Unión Europea". Terrible será si los europeos tenemos que sufrir las consecuencias de acciones imprudentes decididas desde el otro lado del Atlántico.

Ucrania por su parte sigue su proyecto de convocar elecciones el mayo de 2014 pero con el miedo de que Rusia dé un paso más en su territorio. Por decirlo de alguna manera, parece que Ucrania no es dueña de su propio destino. Intereses rusos e intereses euro-estadounidenses se reparten la influencia sobre el terreno sin importar las consecuencias en la propia población, pues esta es y será la que las sufra. Las nuevas fuerzas en el gobierno de Ucrania entre ellas grupos ultranacionalistas, véase el partido Svoboda, son alentados por una Unión Europea temerosa de los partidos nacionalistas de sus miembros que amenazan con desestabilizar por completo el proyecto europeo. Estados Unidos se lamenta de ver limitada su influencia militar en el Mar Negro, y Rusia se siente reina y dueña del destino de la región. No hay mas que ver cómo la popularidad del señor Putin ha crecido hasta un 70% entre la población rusa.

Las previsiones futuras se mueven en un verdadero campo de incertidumbre. Algunas de ellas apuntan a un probable avance de Rusia en las provincias prorrusas promoviendo celebraciones de referéndum de adhesión entre la población favorable a Rusia y críticas con el nuevo gobierno en Kiev, lo que podría dividir por completo el estado ucraniano. Por otra parte, las visiones más prudentes esperan un estancamiento del avance ruso limitado solo a Crimea, y la llegada a un difícil acuerdo que no ponga en peligro la estabilidad del continente europeo. Sin embargo viendo la trayectoria actual, no creo que las perspectivas futuras sean benévolas. Lo que sí esta situación ha provocado ha sido desatar las alarmas en otros Estados que una vez pertenecieron a la antigua URSS y poseen una importante población rusa. Veremos si esto trae efectos en otras regiones separatistas como en el caso de Transnistria en Moldavia.



martes, 11 de marzo de 2014

Diez años de dolor e infamias

Hoy querría aparcar los temas internacionales para hacer un inciso en un episodio de los más duros en la historia reciente de España. Hace hoy exactamente diez años 192 personas perdían la vida en cuatro trenes de Cercanías de Madrid en su camino al trabajo o a sus estudios, o simplemente porque necesitaban tomar ese tren con la desgracia de coincidir con individuos fanáticos cuyo objetivo pasaba por golpear duramente la moral de un país y de su sociedad. Aquel día yo no era más que un estudiante de secundaria que como cada mañana iba a clase, pero con la diferencia de la trágica noticia y la incertidumbre que reinaba en los primeros momentos. Aún así ya tenía conciencia del daño moral que suponía para los ciudadanos de Madrid y en general para la sociedad española. Si hubiera ocurrido algunos años más tarde, fácilmente podría haber sido víctima. Cualquiera podría haber sido víctima en aquel atentado.

Esta entrada no pretende ser precisamente descriptiva sino crítica. Me gustaría hacer una evaluación personal sobre las consecuencias del dramático atentado cuya memoria ha resurgido más fuerte que nunca en la primera década desde su perpetración. Hoy en día sigue dando que hablar en los medios de comunicación, algunos de ellos exprimen hasta la última gota de los hechos con especulaciones, conspiraciones y paranoias, todo ello instrumentos que partidos políticos, los medios citados y grupos de presión han hecho de ello su arma para tapar errores que condujeron a que se produjera el atentado.

He podido leer, oír y ver en los medios de comunicación toda clase de argumentos conspiranoicos, desde personalidades que aún creen en la autoría de ETA en el ataque y que niegan cualquier participación islamista, hasta las más absurdas teorías que envuelven a los propios dirigentes del Partido Socialista presuntamente compinchados con la policía para arrebatar el poder al Partido Popular en las Elecciones Generales que se celebraron tres días más tarde. Es bien sabido que no hubo una buena aceptación de la derrota popular, por lo que siguieron negando la intervención de fanáticos islamistas aún habiéndose presentado pruebas que descartaban la intervención etarra. 

Pero ya no es solo el hecho de negar o afirmar pruebas. El gobierno perdió las elecciones por actuar en contra de la voluntad popular en una guerra ilegal y perdió el mayor apoyo de manera drástica desgraciadamente tras el impacto del atentado en los electores, del cual no permanece impune al difundir conclusiones falsas sobre el atentado. Desde entonces, se han vertido una sarta de mentiras y especulaciones que acusaban injustamente a ciudadanos, policías, guardias civiles, personal médico y psicológico que tuvieron que lidiar con la masacre, atendiendo y salvando la vida a otros cientos de personas heridas, luchando a contrarreloj por recuperar el orden y la cordura. Absurdas acusaciones se hicieron, calificando de asesinos a aquel personal imprescindible en aquellos momentos de caos. Teorías que inducían a la paranoia, colaboración socialista, golpe de Estado, Zapatero como asesino de 192 personas, la Policía sobornada y demás sandeces hechas de manera gratuita desde un estudio radiofónico. Resulta lamentable que se llame profesionales a aquellos que se dedican a insultar sin argumentos y nulo rigor comunicativo para alimentar el morbo que provoca una masacre.   

Es vergonzoso ver cómo la dirección de un periódico decide manipular la información de una masacre, en contra del rigor profesional de sus empleados, para manejar la opinión pública y mitigar las consecuencias que  puedan tener para el partido del gobierno. Es intolerable jugar con la vida de doscientas personas y la de más de mil afectados para usarlas con fines políticos. Es increíble que todavía hoy sigan publicándose teorías conspirativas sobre asesinar a 192 personas para ganar unas Elecciones Generales. Todo ello causa un dolor prolongado para familiares de las víctimas que piden saber la verdad, que se apliquen las penas a los culpables y poder reparar aquel daño sin que nadie juegue de manera lucrativa con sus sentimientos.

Por otra parte, consideraría que la inmensa mayoría de sociedad española no ha sucumbido a la división y la confrontación política, sino que ante el dolor ha permanecido unida y solidaria. Y lo más importante, en España no se ha producido ningún brote generalizado de xenofobia o islamofobia como se ha podido dar en otros países europeos por causas muy diferentes, con excepción de que se puedan dar casos aislados. 

A mi juicio, y para concluir, creo que la mayoría de la sociedad española ha estado a la altura de las consecuencias de la peor masacre perpetrada en nuestro país. A diferencia de ello, los sectores más polítizados, cuya actuación ha desembocado en un lamentable espectáculo que evoca la imagen de unas aves carroñeras sobrevolando un cadáver, han enturbiado y ofendido a una población cada vez más descontenta y pesimista. De cierto modo, ójala se esclarezcan los hechos del atentado de la manera más objetiva posible y consiga callar con la verdad a aquellos que acusaron sin piedad ni argumento a ciudadanos que trabajaban por el bien común de todos. 

viernes, 14 de febrero de 2014

¿Hermetismo helvético o antieuropeismo agudo?

Cuando hablamos de Suiza hablamos de un Estado más bien montañoso en el centro de Europa que ha constituido un modelo de democracia propio, gestionado de manera diferente al resto de países europeos. Suiza ha representado y lleva escrita la palabra “neutralidad” en su historia, y parece que lo lleva a cabo en todos los sentidos. El pasado día 9 de febrero de 2014 se llevó a cabo un referéndum de esos a los que tanto se recurre, por el que se decidía poner cuotas a la entrada de extranjeros europeos a la Confederación Helvética, lo que viene a ser lo mismo que limitar el acceso de otros europeos a trabajar o vivir en Suiza. Sorprendentemente y contra los pronósticos más optimistas, un 50,3% de los votantes, es decir, una ligerísima ventaja, demandaba la imposición de restricciones al acceso de europeos no suizos al mercado nacional.

No son pocas las reacciones dentro y fuera de Suiza. La Unión Europea ya ha comenzado a tomar medidas en lo que considera como un atentado contra el principio de libertad de movimiento. En 2002, Suiza entraba a formar parte del Espacio Schengen amparado en este principio, lo que facilitaba por tanto, no solo el movimiento de personas sino también de bienes y capitales. Esta medida resultó en una dinamización de la economía suiza de manera que ha logrado un crecimiento económico constante. Este crecimiento no apareció por arte de magia sino que precisamente ha ido gestándose gracias al acercamiento de Suiza a la Unión Europea. De hecho es de destacar que el 23% de los habitantes suizos son extranjeros.

Muchos nos sorprendemos de los resultados obtenidos en la votación. No cabe duda de que los partidos más nacionalistas del país han conseguido llevar adelante lo que no han podido en 40 años. Precisamente sin ofrecer información sobre los beneficios ni inconvenientes que pueden derivarse de la decisión, y acudiendo al componente emocional de los ciudadanos de Suiza, han conseguido manipular su decisión y fomentar esa prevalencia del orgullo nacional en detrimento de la internacionalización de la sociedad, inevitable hoy día.

Es de esperar que nos preguntemos cómo es posible que un país con una tasa del  3% de desempleo y un crecimiento económico favorable, acabe por dar un mazazo a su propio mercado laboral. En parte sí que podemos darle respuesta, y es que lo que lleva a fomentar el miedo al extranjero es precisamente el propio atractivo laboral helvético mezclado con una situación de crisis económica y altas tasas de desempleo en países como España, Grecia, Portugal y los trabajadores provenientes de su vecino del sur, Italia. Miedo infundado por supuesto cuando la mayor cantidad de extranjeros residentes en Suiza son alemanes. Una medida así no hace más que entorpecer la búsqueda de mano de obra cualificada por parte de las empresas suizas. No hay necesidad de establecer medidas para combatir ninguna tasa de desempleo, los extranjeros reciben un salario menor que los propios suizos en aquellos puestos que ellos rechazaron. Así es la dinámica migratoria en Suiza y en cualquier país europeo.

Además, si el proceso legislativo sigue adelante, no saldrá precisamente barato. La Unión Europea no lo pondrá tan fácil cuando ya ha solicitado la revisión de varios acuerdos bilaterales entre los más de 120 que tiene con Suiza. Esto pone en cuestión además la libertad de movimiento de los propios ciudadanos suizos dentro de la Unión Europea, y llevado en el último término, la suspensión completa del espacio Schengen en territorio suizo. Todas estas trabas no se quedan solo en eso sino que afectaría a otros acuerdos como las becas Erasmus y programas de investigación  y cooperación conjuntos con la Unión Europea. No haría más que fomentar el aislacionismo y en definitiva repercutiría en su propia economía.

Pero no todo son abucheos ni decepciones. Los partidos eurófobos aplauden todo lo que suene a anti-inmigratorio o anti-Europa. Así como políticos ultranacionalistas de la talla de Marine Le Pen, Nigel Farage o Geert Wilders han recibido la noticia con especial entusiasmo alegando que si los suizos combaten la inmigración “masiva”, sus naciones también lo podrán hacer. De esta manera la eurofobia alimenta a una eurofobia aún mayor incluso dentro de las propias fronteras de la Unión Europea.


Por tanto, este revés antieuropeo nos deja con la incertidumbre de hasta qué punto las decisiones tomadas en un Estado no miembro de la Unión Europea pueden llegar a afectar y a impulsar los sentimientos anticomunitarios incendiados por sectores populistas en Estados tradicionalmente europeístas algunos y euroescépticos otros. No solo es un revés para la Unión Europea como actor internacional sino también para la propia ciudadanía descontenta con las instituciones europeas. Ciertos sentimientos apagan las posibilidades de reformas fundadas en la autocrítica y la demanda de una participación ciudadana en búsqueda de un beneficio común a través de la solidaridad entre los Estados de un continente. La fobia a Europa construye columnas de humo con un engañoso patriotismo épico que pretende dar al traste con más de 60 años de historia a través de la manipulación emocional de la sociedad.

lunes, 10 de febrero de 2014

Los Juegos Olímpicos de Sochi y las polémicas leyes homófobas en Rusia

Para inaugurar este blog, se me ha ocurrido acceder a un tema de inminente actualidad. Desde el 7 de febrero se lleva celebrando una nueva edición de los Juegos Olímpicos de Invierno. Esta vez la suerte le ha tocado a la ciudad rusa de Sochi, a orillas del Mar Negro. EL gran auge de la Federación Rusa no se queda solo en lo político, económico o militar, sino que también pretende expandir su imagen de potencia en el ámbito deportivo, lo cual es una buena manera de promocionarse.

A estos Juegos 2014 no se les prestaría mayor atención que la meramente deportiva si no fuera por otros asuntos que han levantado una gran polvareda internacional. Desde nuestros medios de comunicación en Europa siempre se ha mirado a Rusia desde una perspectiva más bien discordante. El giro cada vez más autoritario de su gobierno pone en evidencia la eficacia de un sistema que se dice llamar democrático. No solo es esta visión de un Estado heredero de continuos regímenes autoritarios, sino la cuestión que concierne a los propios ciudadanos rusos de si realmente el Estado protege y promueve sus libertades individuales. Habrá quien esté muy a favor del gobierno del señor Vladimir Putin, pero las voces discrepantes no son precisamente minoritarias. Y he aquí el quiz de la cuestión. La gota que ha colmado el vaso no ha sido ningún caso de corrupción, mala gestión política o económica, ni ningún otro caso de espionaje, etc. En junio de 2013 se aprobaba una ley federal para ilegalizar la "propaganda" homosexual, alegando una gran demanda social para proteger a los niños de la pornografía y la pederastia. Más llamativo resulta el eufemismo utilizado para ilegalizar las "relaciones sexuales no tradicionales", lo que tiene como consecuencia la prohibición de cualquier muestra de afecto de connotaciones homosexuales en la vía pública y la penalización de cualquier reivindicación por los derechos de este colectivo cada vez más amenazado.

En mayo de 1993, Boris Yeltsin aprobó la legalidad de las relaciones entre personas del mismo sexo, tras décadas de represión soviética, pero los constantes ataques de las alas más conservadoras y de la poderosa Iglesia Ortodoxa Rusa han contribuido a una marcha atrás en los derechos individuales de los ciudadanos rusos. Tal es así, que tanto antes como después de las nuevas medidas de prohibición, la comunidad LGTB rusa ha sufrido continuos episodios de violencia represiva, generalmente de parte de grupos de jóvenes neonazis, que realizan tales actos criminales justificando que luchan contra la pedofilia y pederastia, y que por tanto realizan un bien social, tanto que en ocasiones acaba con la muerte, tras violentos tratos vejatorios, de personas inocentes por el simple hecho de haber nacido homosexuales.

Ya no solo es el hecho de la prohibición a nivel institucional, sino la reacción de la sociedad ante estos casos. En general no se muestra favorable a utilizar la violencia contra el colectivo LGTB pero el rechazo hacia el "comportamiento gay" fomenta el silencio ante actos impunes, y por lo tanto legitima esta violencia que puede tener causas impredecibles para la seguridad del colectivo en el futuro. Si desde las edades más tempranas se asimila la homofobia como un sentimiento colectivo y aceptado socialmente, la tolerancia social se encuentra en peligro constante y se conseguirá la aprobación de la violencia en estos casos.

Hace poco vi un documental, del cual dejaré el enlace al final, en el que de cara a la celebración de los Juegos Olímpicos se abordaba la reciente prohibición con entrevistas a activistas LGTB pero también a consultores políticos cercanos al presidente Putin. El consultor entrevistado aseguraba que los homosexuales viven en un "cómodo y gran armario" que es Rusia. Ciertos comentarios cínicos no dejan de ser comunes, y si los sumamos a las campañas antihomosexuales, la población acaba por posicionarse cada vez más a favor de estas políticas.

Si bien, los Juegos de Sochi se han visto impregnados por este aura de denuncia internacional. Las declaraciones de las autoridades rusas de invitar a los deportistas homosexuales a abstenerse de participar y su consecuente rectificación ante la repercusión pública internacional, son una pequeña parte de la lacra de la intolerancia que no solo afecta a Rusia, sino a otros Estados vecinos europeos pero con menos repercusión en los medios. Los intentos de boicot a los Juegos se mantienen en atención permanente. Quizás no sea la manera más justa de reivindicar un derecho fundamental, ya que no son los juegos del gobierno ruso, ni de la  todopoderosa Iglesia Ortodoxa Rusa, sino de todos los rusos, pero sería conveniente dar cabida a esta reivindicación internacional de manera pacífica, al fin y al cabo la actuación de las autoridades en contra de delegaciones internacionales tienen mayor impacto mediático que si estas fueran realizadas por ciudadanos rusos.

Por otra parte, impera la hipocresía de los Estados en su representación deportiva, pues aunque exista el desacuerdo y la denuncia social, nadie mueve ficha en manifestar ese desacuerdo en un evento internacional de tal magnitud. De tal manera que aquellos que esperaban un cierto apoyo, observan con decepción cómo aquellos defensores de la igualdad y las libertades individuales miran a otro lado cuando se trata de enfrentarse a la Federación Rusa. Claro está que las autoridades nacionales pueden acusar al activismo internacional de entrometerse en sus asuntos internos, pero también es verdad que dentro de sus asuntos internos existe una realidad que ve su única esperanza en la presión internacional.

Como podemos imaginar, lo más probable es que la presión internacional nunca llegue a realizarse por un motivo como la defensa de los derechos humanos. Nunca han copado el escalafón más alto en las acusaciones a nivel interestatal a excepción de su uso como arma en la guerra. En todo caso, la mayor actividad surge por la denuncia de organizaciones no gubernamentales y reivindicaciones sociales, pero pocas veces surge el efecto deseado. Este no es más que uno de los miles de casos socialmente denunciados pero hipócritamente silenciados por los gobiernos. Si no permanece viva la reivindicación, tras los Juegos y el acostumbramiento ante estos atentados, los derechos y libertades pueden caer en el olvido hasta finalmente morir por cobardía.


Dejo aquí el link del documental en la página de Vice realizado por Miléne Larsson: http://www.vice.com/vice-news/young-and-gay-in-putins-russia-full-length-vice