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| Fuente: http://djovenes.org/ |
No es el título de una secuela post-mortem de una obra del gran escritor Gabriel García Márquez ni tampoco un aburrido manual de política que encontramos empolvado en lo más recóndito de una biblioteca de universidad.
Bien pudo haber sido una ley aprobada pero cuando se opone a
la voluntad y la libertad de los ciudadanos y ciudadanas, está condenada al
rotundo fracaso.
Para aquellos que me leen desde fuera de España,
les pongo al corriente. En enero de 2012
el hasta ahora Ministro de Justicia del gobierno español anunció una profunda
reforma, más bien eliminación, de la ley del aborto que había sido aprobada en
2010 por el anterior gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero. A
grandes rasgos, esta ley orgánica de 2010 regula la interrupción voluntaria del
embarazo en la que la mujer podrá tomar la decisión libre de abortar durante
las 14 primeras semanas de gestación, y bajo tres supuestos hasta la semana 22,
que son el caso de que haya riesgo para la vida de la madre o el feto,
anomalías en el feto incompatibles con la vida, o la detección de una
enfermedad extremadamente grave e incurable diagnosticada por un comité médico.
También permitiría autorizar la interrupción voluntaria del embarazo a mujeres
desde los 16 años, sin necesidad de consentimiento de sus tutores legales. (Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo)
La reforma que el nuevo gobierno del Partido
Popular pretendía llevar adelante respondía a las protestas de grupos en
defensa de la vida y las peticiones de la Iglesia Católica como principales
grupos de presión, lo que llevaba a una vuelta a penalizar el aborto de una
manera más severa y que retrocede incluso a una situación anterior a la
aprobación de la primera ley sobre el aborto en 1985. Es decir, retrocederíamos
a un periodo de la Transición heredero de la dictadura franquista.
El anteproyecto de ley que se pretendía aprobar penalizaría
con pena de cárcel a las mujeres y personas que se vieran envueltas en un
aborto. Si bien, la interrupción del embarazo se podría llevar a cabo dentro de
las 22 primeras semanas de embarazo y bajo el supuesto de la incompatibilidad
con la vida de la madre o del feto. También en caso de violación, siempre que
se practique antes de la semana 12 de gestación y denunciado previamente. Las menores entre 16
y 18 años no emancipadas quedarían condicionadas a la autorización de sus
padres. Todos los supuestos tendrían que ser estudiados por dos médicos
expertos que autorizaran el consentimiento y el derecho a abortar. (ANTEPROYECTO DE LEY ORGÁNICA PARA LA PROTECCIÓN DE LA VIDA DEL CONCEBIDO Y DE LOS DERECHOS DE LA MUJER EMBARAZADA)
Desde el primer momento en que el anteproyecto de
ley salió a la luz, era de esperar la reacción social que denunciaba un
retroceso injusto que privaba a las mujeres el derecho a decidir sobre su
cuerpo.
Si bien, es un tema muy delicado por el que siempre
vamos a encontrar confrontación. Y ya lo vimos en el seno del partido que
gobierna, profundamente dividido por tales proyectos. Cómo no, prácticamente
toda la oposición en el parlamento condenaba una postura tan radicalizada.
Pensar que la nueva ley sobre el aborto se iba a
aprobar suponía un concepto cada vez más lejano para el ministro
Ruiz-Gallardón. Hoy se ha demostrado que una decisión gubernamental que toca la
fibra más profunda e íntima de las personas, en este caso, de las mujeres,
jamás va a encontrar el éxito.
De esta forma es cómo un gobierno fracasa en su
intento de ir a contracorriente de los derechos de sus ciudadanos. La dimisión
del ministro de justicia era inminente, casi anunciada desde hacía meses,
podría decirse desde la formulación de tal anteproyecto de ley, pero que en
definitiva muestra cómo la insistencia y la reivindicación social puede parar
un proyecto inviable y antidemocrático. Tal fracaso se ha saldado con la
dimisión de un ministro pero no solo corresponde a su ministerio la elaboración
de la ley, sino que engloba a todo el equipo de gobierno.
El hecho que lleva a una mujer a abortar no es un
asunto ni mucho menos fácil, más bien es una de las decisiones más difíciles
que se pueden llevar a cabo. Una mujer no interrumpe su embarazo por capricho,
sino porque se dan una serie de condiciones tanto físicas como psicológicas que
inducen a las personas a tomar tales decisiones triviales. Una mujer no puede
estar obligada a llevar durante 9 meses en su vientre el fruto de una violación
o gestar un nuevo ser humano con pocas posibilidades de sobrevivir, o bien porque
sea un embarazo no deseado.
Si tengo que dar mi propia opinión, no soy
favorable a que el número de abortos aumente, no me gusta el hecho de que un
aborto tenga que producirse. Pero tenemos que respetar el derecho de cada mujer
sobre su propio cuerpo, analizar las condiciones en las que se encuentra y así
entender y respetar su decisión.
Una imposición moral de tal calibre no hace más
que favorecer el aborto clandestino, criminalizar a las mujeres que deciden
tomar tan difícil decisión y poner en peligro su salud física y psicológica.
En nuestra sociedad debemos valorar además un
elemento en la educación que de muchas maneras se considera todavía un tema
tabú debido a patrones culturales y religiosos, y es la educación sexual. Una
buena educación sexual de los jóvenes previene muchos problemas como es el caso
de los embarazos no deseados por mal uso de los métodos anticonceptivos.
Curiosamente, muchas de las voces en contra del aborto (atención, no todas) son
precisamente las que se oponen a una educación sexual incluida en nuestro
sistema de educación.
Asociaciones en defensa de los derechos de los no
nacidos hablan precisamente de establecer derechos desde la propia concepción.
Aquí entramos en un debate de bioética en el que consideraría la opinión de
médicos e investigadores científicos mucho más constructiva que mi propia
opinión. Muchos médicos son conscientes de lo que supone el aborto, y de alguna
manera científica se han decidido los supuestos según el tiempo de gestación
del feto que pongan un margen entre lo que se considera como vida humana y lo
que no.
Comprendo que nunca se llegará a un consenso que
ponga de acuerdo al 100% de la sociedad pero es necesario respetar la decisión de
cada persona sobre su propio cuerpo. Así, debería decir que no es más justo el
que prohíbe sino el que educa. No por prohibir a una mujer interrumpir su
embarazo se va a proteger una vida. En definitiva, muestro mi apoyo completo a
los derechos de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo sin imposición
moral ajena a su propia razón y criterio consciente.

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