Fuente: http://blog.sonneil.com/should-you-be-worried-about-brexit-consequences/
Como todos habremos oído en las noticias últimamente, entre el bombardeo de las elecciones generales del 26 de junio y la rabieta montada en Reino Unido con la Unión Europea, esperamos que después de esta semana que comienza, nos dejen un poco en paz. Aun así, es importante decir que ambos acontecimientos impactarán notablemente en nuestro futuro político y económico cercano.
Hoy vengo a hablar de este referéndum que se celebrará en el Reino Unido el jueves 23 de junio, tras muchos años de alardeo y descontentos amenazando con romper los lazos con la Unión Europea.
Reino Unido entró en el club europeo en 1972, tras abandonar la EFTA (Asociación Europea del Libre Comercio) actualmente compuesta por Islandia, Noruega, Suiza y Liechtenstein. La EFTA es la antítesis de la Unión Europea y su objetivo, puramente económico, es favorecer y proteger la estabilidad financiera dentro de sus Estados miembros. Países como Portugal, Austria, Dinamarca, Suecia o Finlandia, formaron parte de esta organización antes de entrar en la Comunidad Económica Europea.
Reino Unido goza de un estatus especial dentro de la Unión Europea, No se encuentra adherido al Tratado de Schengen, rechazado en 1995 y conserva la libra esterlina como divisa nacional tras rechazar en 1998 la adhesión a la Unión Económica y Monetaria. Se beneficia de los mismos derechos sobre el libre mercado y libre movimiento de trabajadores dentro de la Unión Europea. Igualmente, en 2011 rechazó el avance que podía suponer ante la crisis económica
Lo que muchos partidos políticos británicos alegan es la limitación que supone la Unión Europea en la soberanía sobre muchas de las políticas comunes. Generalmente, los partidos más conservadores y nacionalistas acusan a la Unión Europea de traer inmigrantes de otros países europeos y beneficiarse de las ayudas estatales, de colapsar la sanidad y la educación pública.
El mayor miedo de los más nacionalistas como el líder del UKIP (partido de extrema derecha) Nigel Farage es perder la identidad británica dentro de una Europa unida. Otros como el ex alcalde de la City de Londres, Boris Johnson, desean alcanzar el puesto de Primer Ministro en un Reino Unido independiente del resto de Europa.
El Primer Ministro David Cameron presentó a la Unión Europea varios puntos de fricción en los que establecía una linea roja para seguir avanzando en las relaciones con la Unión, entre ellos no ahondar en el recorte a la soberanía nacional, es decir, que los parlamentos nacionales tuvieran el derecho a vetar políticas comunes europeas. Así también exigía no ser invadidos por la burocracia de Bruselas y lograr un mercado menos regulado y más libre. La libra esterlina goza de protección frente al euro ya que Reino Unido junto con Dinamarca, son los dos únicos Estados de la Unión que han firmado una cláusula que les exime de la adopción de la moneda única.
Por otro lado y mucha más polémica es la regulación y el control sobre los inmigrantes europeos. Para aquellos salarios más bajos, el Estado provee ayudas de manera que puedan ser complementados. Al aplicar los beneficios también a trabajadores extranjeros, se pretende limitar las ayudas a trabajadores que lleven más de 4 años en el Reino Unido para evitar la venida en masa incentivada por los beneficios sociales.
No es este tipo de euroescepticismo el que más asusta, sino aquel que promulga el partido extremista emergente, el UKIP. No hay peor propaganda que llamar al sentimiento nacionalista, acudir a la flema y el orgullo británico, a la mitificación de la Corona de Inglaterra y al Imperio Victoriano para mostrar que la grandeza del Reino Unido va más allá de lo que puede beneficiar la colaboración con los vecinos europeos. Las nostalgias patrióticas nunca han llevado a los Estados a triunfar, sino todo lo contrario, a aislarse del resto del mundo.
El FMI ya alertó que la salida del Reino Unido se cobraría la pérdida de gran parte del PIB del país. Un millón de empleos podrán ser destruidos, entidades financieras y grandes empresas que se benefician del mercado común trasladarían sus sedes a un país que les ofrezca mejores beneficios, como Alemania, así como la libra esterlina se devaluaría hasta un mínimo histórico y dejaría de ser una divisa de referencia internacional. Los británicos podrían sufrir un aumento del coste de vida más si cabe, ya que los productos extranjeros se encarecerían al volver a establecer aranceles que ya fueron eliminados en el mercado común. Las exportaciones se harán más difíciles gracias a la reincorporación de límites arancelarios en el primer mercado importador de productos británicos, es decir, los países de la Unión Europea.
No solo el propio Reino Unido perdería, sino que los Estados de la Unión Europea sufrirían grandes pérdidas con la ruptura de uno de los más importantes socios.
Si tomamos el caso de España, el sector turístico será el más resentido. Al devaluarse la libra esterlina, nuestro principal mercado de turistas se verá radicalmente limitado, y perderemos grandes beneficios que contribuyen notablemente a nuestro PIB. Miles de británicos con propiedades en España observan con preocupación los acontecimientos en su país de origen y esperan al desenlace del referéndum y cómo les puede afectar.
Francia, Países Bajos, Bélgica y Alemania también se verían fuertemente afectados al verse completamente limitadas las relaciones con las grandes empresas y entidades financieras británicas.
A nivel puramente social, muchos emigrados europeos en tierra británica serían obligados a volver por los impedimentos burocráticos y la regulación inmigratoria. Recordemos que hay más de 200.000 españoles trabajando y viviendo en este país.
Pero no queda aquí la nota negativa sobre el famoso Brexit. Si este puede dejar herida de muerte a la Unión Europea, también puede provocar una descomposición del propio Reino Unido. Escocia amenaza por segunda vez con otro referéndum si el país queda excluido del club. Dentro de las cuatro naciones, Escocia es la menos euroescéptica, y sus exportaciones quedarían terriblemente mermadas fuera de la Unión Europea.
Ni que decir tiene la situación en la que quedaría Irlanda del Norte, aislada del sur por aduanas y con la tasa de pobreza más alta del Reino Unido. Gales por su parte permanece más fiel a Inglaterra, pero sería más difícil evitar los conflictos económicos que supondría la pérdida del resto de naciones.
De esta manera, el referéndum que se celebra en cuatro días es una llamada de atención a la fortaleza de la Unión Europea. Si bien el euroescepticismo ha crecido brutalmente en casi todos los Estados miembros, esto debería ser un impulso para reformar la Unión, en vez de dividirla. Una salida de un país miembro sería un fracaso contundente que provocaría un efecto dominó y una crisis económica más profunda que la de 2008.
En manos de la Unión Europea se encuentra el poder de atraer a los ciudadanos europeos enfocándose más a la igualdad social y a partes iguales a la competitividad económica frente a otras potencias como China, Estados Unidos, India o Rusia.
En manos del Reino Unido se encuentra la responsabilidad de contribuir a una Europa más unida y a una reforma que acepte la realidad actual y el poder de negociación de manera que podamos evitar un conflicto de características desconocidas en la Europa actual.
Una predicción para un escenario doble: Si el Reino Unido decide permanecer en la Unión Europea, se retomarán las negociaciones concediéndole una mayor soberanía nacional sobre las políticas comunes. En parte apaciguaría las ansias rupturistas pero daría pie a otros Estados a exigir el mismo estatus.
Si el Reino Unido sale de la Unión, la consecuencia será completamente impredecibles a medio y a largo plazo. A corto, supondrá una caída de las bolsas europeas y a una depreciación del euro. Quizás a medio causará un efecto dominó y a un mayor caos económico que solo causará la satisfacción de otras potencias económicas como Rusia, China o Estados Unidos que tratarán de beneficiarse de la crisis europea.
Esperemos que ninguno de estos escenarios desemboque en lo que puede desembocar y que exista un ánimo de cooperación entre los Estados y otros organismos que puedan levantar de nuevo un proyecto europeo común que beneficie a sus ciudadanos y no a los grandes especuladores.

