viernes, 14 de febrero de 2014

¿Hermetismo helvético o antieuropeismo agudo?

Cuando hablamos de Suiza hablamos de un Estado más bien montañoso en el centro de Europa que ha constituido un modelo de democracia propio, gestionado de manera diferente al resto de países europeos. Suiza ha representado y lleva escrita la palabra “neutralidad” en su historia, y parece que lo lleva a cabo en todos los sentidos. El pasado día 9 de febrero de 2014 se llevó a cabo un referéndum de esos a los que tanto se recurre, por el que se decidía poner cuotas a la entrada de extranjeros europeos a la Confederación Helvética, lo que viene a ser lo mismo que limitar el acceso de otros europeos a trabajar o vivir en Suiza. Sorprendentemente y contra los pronósticos más optimistas, un 50,3% de los votantes, es decir, una ligerísima ventaja, demandaba la imposición de restricciones al acceso de europeos no suizos al mercado nacional.

No son pocas las reacciones dentro y fuera de Suiza. La Unión Europea ya ha comenzado a tomar medidas en lo que considera como un atentado contra el principio de libertad de movimiento. En 2002, Suiza entraba a formar parte del Espacio Schengen amparado en este principio, lo que facilitaba por tanto, no solo el movimiento de personas sino también de bienes y capitales. Esta medida resultó en una dinamización de la economía suiza de manera que ha logrado un crecimiento económico constante. Este crecimiento no apareció por arte de magia sino que precisamente ha ido gestándose gracias al acercamiento de Suiza a la Unión Europea. De hecho es de destacar que el 23% de los habitantes suizos son extranjeros.

Muchos nos sorprendemos de los resultados obtenidos en la votación. No cabe duda de que los partidos más nacionalistas del país han conseguido llevar adelante lo que no han podido en 40 años. Precisamente sin ofrecer información sobre los beneficios ni inconvenientes que pueden derivarse de la decisión, y acudiendo al componente emocional de los ciudadanos de Suiza, han conseguido manipular su decisión y fomentar esa prevalencia del orgullo nacional en detrimento de la internacionalización de la sociedad, inevitable hoy día.

Es de esperar que nos preguntemos cómo es posible que un país con una tasa del  3% de desempleo y un crecimiento económico favorable, acabe por dar un mazazo a su propio mercado laboral. En parte sí que podemos darle respuesta, y es que lo que lleva a fomentar el miedo al extranjero es precisamente el propio atractivo laboral helvético mezclado con una situación de crisis económica y altas tasas de desempleo en países como España, Grecia, Portugal y los trabajadores provenientes de su vecino del sur, Italia. Miedo infundado por supuesto cuando la mayor cantidad de extranjeros residentes en Suiza son alemanes. Una medida así no hace más que entorpecer la búsqueda de mano de obra cualificada por parte de las empresas suizas. No hay necesidad de establecer medidas para combatir ninguna tasa de desempleo, los extranjeros reciben un salario menor que los propios suizos en aquellos puestos que ellos rechazaron. Así es la dinámica migratoria en Suiza y en cualquier país europeo.

Además, si el proceso legislativo sigue adelante, no saldrá precisamente barato. La Unión Europea no lo pondrá tan fácil cuando ya ha solicitado la revisión de varios acuerdos bilaterales entre los más de 120 que tiene con Suiza. Esto pone en cuestión además la libertad de movimiento de los propios ciudadanos suizos dentro de la Unión Europea, y llevado en el último término, la suspensión completa del espacio Schengen en territorio suizo. Todas estas trabas no se quedan solo en eso sino que afectaría a otros acuerdos como las becas Erasmus y programas de investigación  y cooperación conjuntos con la Unión Europea. No haría más que fomentar el aislacionismo y en definitiva repercutiría en su propia economía.

Pero no todo son abucheos ni decepciones. Los partidos eurófobos aplauden todo lo que suene a anti-inmigratorio o anti-Europa. Así como políticos ultranacionalistas de la talla de Marine Le Pen, Nigel Farage o Geert Wilders han recibido la noticia con especial entusiasmo alegando que si los suizos combaten la inmigración “masiva”, sus naciones también lo podrán hacer. De esta manera la eurofobia alimenta a una eurofobia aún mayor incluso dentro de las propias fronteras de la Unión Europea.


Por tanto, este revés antieuropeo nos deja con la incertidumbre de hasta qué punto las decisiones tomadas en un Estado no miembro de la Unión Europea pueden llegar a afectar y a impulsar los sentimientos anticomunitarios incendiados por sectores populistas en Estados tradicionalmente europeístas algunos y euroescépticos otros. No solo es un revés para la Unión Europea como actor internacional sino también para la propia ciudadanía descontenta con las instituciones europeas. Ciertos sentimientos apagan las posibilidades de reformas fundadas en la autocrítica y la demanda de una participación ciudadana en búsqueda de un beneficio común a través de la solidaridad entre los Estados de un continente. La fobia a Europa construye columnas de humo con un engañoso patriotismo épico que pretende dar al traste con más de 60 años de historia a través de la manipulación emocional de la sociedad.

lunes, 10 de febrero de 2014

Los Juegos Olímpicos de Sochi y las polémicas leyes homófobas en Rusia

Para inaugurar este blog, se me ha ocurrido acceder a un tema de inminente actualidad. Desde el 7 de febrero se lleva celebrando una nueva edición de los Juegos Olímpicos de Invierno. Esta vez la suerte le ha tocado a la ciudad rusa de Sochi, a orillas del Mar Negro. EL gran auge de la Federación Rusa no se queda solo en lo político, económico o militar, sino que también pretende expandir su imagen de potencia en el ámbito deportivo, lo cual es una buena manera de promocionarse.

A estos Juegos 2014 no se les prestaría mayor atención que la meramente deportiva si no fuera por otros asuntos que han levantado una gran polvareda internacional. Desde nuestros medios de comunicación en Europa siempre se ha mirado a Rusia desde una perspectiva más bien discordante. El giro cada vez más autoritario de su gobierno pone en evidencia la eficacia de un sistema que se dice llamar democrático. No solo es esta visión de un Estado heredero de continuos regímenes autoritarios, sino la cuestión que concierne a los propios ciudadanos rusos de si realmente el Estado protege y promueve sus libertades individuales. Habrá quien esté muy a favor del gobierno del señor Vladimir Putin, pero las voces discrepantes no son precisamente minoritarias. Y he aquí el quiz de la cuestión. La gota que ha colmado el vaso no ha sido ningún caso de corrupción, mala gestión política o económica, ni ningún otro caso de espionaje, etc. En junio de 2013 se aprobaba una ley federal para ilegalizar la "propaganda" homosexual, alegando una gran demanda social para proteger a los niños de la pornografía y la pederastia. Más llamativo resulta el eufemismo utilizado para ilegalizar las "relaciones sexuales no tradicionales", lo que tiene como consecuencia la prohibición de cualquier muestra de afecto de connotaciones homosexuales en la vía pública y la penalización de cualquier reivindicación por los derechos de este colectivo cada vez más amenazado.

En mayo de 1993, Boris Yeltsin aprobó la legalidad de las relaciones entre personas del mismo sexo, tras décadas de represión soviética, pero los constantes ataques de las alas más conservadoras y de la poderosa Iglesia Ortodoxa Rusa han contribuido a una marcha atrás en los derechos individuales de los ciudadanos rusos. Tal es así, que tanto antes como después de las nuevas medidas de prohibición, la comunidad LGTB rusa ha sufrido continuos episodios de violencia represiva, generalmente de parte de grupos de jóvenes neonazis, que realizan tales actos criminales justificando que luchan contra la pedofilia y pederastia, y que por tanto realizan un bien social, tanto que en ocasiones acaba con la muerte, tras violentos tratos vejatorios, de personas inocentes por el simple hecho de haber nacido homosexuales.

Ya no solo es el hecho de la prohibición a nivel institucional, sino la reacción de la sociedad ante estos casos. En general no se muestra favorable a utilizar la violencia contra el colectivo LGTB pero el rechazo hacia el "comportamiento gay" fomenta el silencio ante actos impunes, y por lo tanto legitima esta violencia que puede tener causas impredecibles para la seguridad del colectivo en el futuro. Si desde las edades más tempranas se asimila la homofobia como un sentimiento colectivo y aceptado socialmente, la tolerancia social se encuentra en peligro constante y se conseguirá la aprobación de la violencia en estos casos.

Hace poco vi un documental, del cual dejaré el enlace al final, en el que de cara a la celebración de los Juegos Olímpicos se abordaba la reciente prohibición con entrevistas a activistas LGTB pero también a consultores políticos cercanos al presidente Putin. El consultor entrevistado aseguraba que los homosexuales viven en un "cómodo y gran armario" que es Rusia. Ciertos comentarios cínicos no dejan de ser comunes, y si los sumamos a las campañas antihomosexuales, la población acaba por posicionarse cada vez más a favor de estas políticas.

Si bien, los Juegos de Sochi se han visto impregnados por este aura de denuncia internacional. Las declaraciones de las autoridades rusas de invitar a los deportistas homosexuales a abstenerse de participar y su consecuente rectificación ante la repercusión pública internacional, son una pequeña parte de la lacra de la intolerancia que no solo afecta a Rusia, sino a otros Estados vecinos europeos pero con menos repercusión en los medios. Los intentos de boicot a los Juegos se mantienen en atención permanente. Quizás no sea la manera más justa de reivindicar un derecho fundamental, ya que no son los juegos del gobierno ruso, ni de la  todopoderosa Iglesia Ortodoxa Rusa, sino de todos los rusos, pero sería conveniente dar cabida a esta reivindicación internacional de manera pacífica, al fin y al cabo la actuación de las autoridades en contra de delegaciones internacionales tienen mayor impacto mediático que si estas fueran realizadas por ciudadanos rusos.

Por otra parte, impera la hipocresía de los Estados en su representación deportiva, pues aunque exista el desacuerdo y la denuncia social, nadie mueve ficha en manifestar ese desacuerdo en un evento internacional de tal magnitud. De tal manera que aquellos que esperaban un cierto apoyo, observan con decepción cómo aquellos defensores de la igualdad y las libertades individuales miran a otro lado cuando se trata de enfrentarse a la Federación Rusa. Claro está que las autoridades nacionales pueden acusar al activismo internacional de entrometerse en sus asuntos internos, pero también es verdad que dentro de sus asuntos internos existe una realidad que ve su única esperanza en la presión internacional.

Como podemos imaginar, lo más probable es que la presión internacional nunca llegue a realizarse por un motivo como la defensa de los derechos humanos. Nunca han copado el escalafón más alto en las acusaciones a nivel interestatal a excepción de su uso como arma en la guerra. En todo caso, la mayor actividad surge por la denuncia de organizaciones no gubernamentales y reivindicaciones sociales, pero pocas veces surge el efecto deseado. Este no es más que uno de los miles de casos socialmente denunciados pero hipócritamente silenciados por los gobiernos. Si no permanece viva la reivindicación, tras los Juegos y el acostumbramiento ante estos atentados, los derechos y libertades pueden caer en el olvido hasta finalmente morir por cobardía.


Dejo aquí el link del documental en la página de Vice realizado por Miléne Larsson: http://www.vice.com/vice-news/young-and-gay-in-putins-russia-full-length-vice
Comienzo a escribir este blog con una pequeña introducción temática. Mi interés por los continuos debates políticos y sociales surgidos ante los eventos que se suceden continuamente me lleva a elaborar mi propio espacio de crítica social, política, económica y otras categorías que envuelven el panorama nacional e internacional de nuestros días. Con ello no pretendo redactar artículos con una rigurosidad profesional pero tampoco llegar a lo especulativo. Mis conocimientos en Relaciones Internacionales me han proporcionado cierto interés por el juicio crítico en el ámbito internacional, de lo cual quisiera expresar mis opiniones argumentadas de una manera racional aunque sea difícil evitar el componente emocional. No obstante, para realizar una buena crítica no hay lugar para la argumentación demagógica. Pido disculpas por adelantado si en algún momento mis opiniones conducen por este camino aunque no pretendo llegar a tales términos.

De cierta manera, en este espacio, se pretenden abordar temas de actualidad internacionales pero también nacionales, que den lugar al debate y a la confluencia de ideas con el mayor respeto posible. Por todo ello agradezco a los lectores su interés en leer mis publicaciones y espero no caer en la excesiva y aburrida verborrea que a veces caracterizan mis escritos. Buen día.