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Para aquellos y aquellas que se quedaron a ver un año más el Festival de Eurovisión, seguramente muchos como yo acabaron sorprendidos o confundidos con los resultados. Es posible que fuera el nuevo sistema de votación o la manera de presentarlo para acortar el sistema de puntos.
El caso es que tras los votos del jurado de los 42 países votantes dando como ganadora a Australia y los votos del público dando como ganadora a Rusia, inesperadamente para el espectador, la fórmula mágica de votaciones hizo que Ucrania venciera en el certamen.
No es solo el hecho de que Ucrania ganase el concurso, sino lo que implica en el contexto europeo. Hablando de la politización del concurso que siempre atrae las quejas del público, aquel que vota, la victoria de este año tiene un significado más incómodo teniendo en cuenta la situación de crisis y guerra en este país europeo. La canción interpretada por Jamala se llama "1944". La canción hace alusión a la deportación de los tártaros de Crimea durante ese año en los albores de la Segunda Guerra Mundial en el contexto soviético. La cantante menciona a su abuela como víctima de la deportación. Recordemos que Crimea fue anexionada recientemente a la Federación Rusa que opera de facto en la península desde el 21 de marzo de 2014.
Precisamente esta actuación brinda la oportunidad de exponer un poco el tema del cual se habla en la canción ganadora. Básicamente como decíamos se basa en el contexto de la Segunda Guerra Mundial y la Unión Soviética. El dictador Josif Stalin llevaba a cabo los múltiples programas de deportaciones de minorías étnicas de un punto a otro de la URSS así como los Karacháis, Chechenos, Ingusetios, Balkarios y los tártaros de Crimea entre otros.
Fuente: http://home.bt.com/images/ukraine-picks-crimean-tatars-song-about-stalin-persecution-for-eurovision-136404189402903901-160221222002.jpg
Los tártaros de Crimea, en resumen, son un grupo étnico de origen túrquico que se instaló en la península de Crimea movidos desde las estepas centroasiáticas por la invasión de los mongoles a Europa. Allá por el siglo XIII se asentaron a orillas del Mar Negro y en 1441 se fundó el Kanato de Crimea, el primer Estado tártaro en Crimea que fue vasallo del Imperio Otomano hasta 1774 cuando el Imperio Ruso se hizo con las tierras de Crimea. En las primeras décadas dentro del Imperio Ruso, los tártaros gozaban de cierta autonomía pero la guerra continua en el siglo XIX entre Rusia y el Imperio Otomano provocó el éxodo y la dispersión de parte del pueblo tártaro crimeo.
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Tanto en el siglo XIX como en el XX se produjeron continuas expulsiones de grupos étnicos minoritarios en territorio ruso. Con la llegada de la URSS en 1917 y durante las décadas de los 1920s y 30s, el gobierno soviético llegó a promover el desarrollo de las poblaciones no rusas para ser completamente integradas en el proyecto socialista soviético. Este proyecto fue llamado Korenización (proveniente de raíz, indigenización). Este proyecto se oponía a la rusificación de las minorías étnicas ocurrido durante el Imperio Ruso, por el contrario adhería el potencial de estas al Estado adoctrinándolas en función de los ideales comunistas sovíeticos y la colectivización. Ensalzaba la educación en lenguas minoritarias pero asegurándose la lealtad a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
El conflicto vino cuando las política de Stalin proyectaban un reestructuramiento poblacional a lo largo y ancho de toda la Unión. En aquel entonces aquellas minorías que no aceptaban de buen modo la Korenización, eran fácilmente represaliadas y acusadas de ser enemigas del Estado. Aquí se encuentra el principio de las deportaciones masivas.
Para añadirle mayor leña al asunto, la Segunda Guerra Mundial se torna en favor de la Alemania Nazi y sus tropas avanzan hacia tierras rusas en la Operación Barbarroja. En septiembre de 1941, las tropas de Hitler entran en la península de Crimea y esta permanece en su poder hasta 1944. Es aquí cuando se produce la liberación por parte del Ejército Rojo en colaboración con guerrillas y partisanos en contra de los nazis.
Tras la liberación se acusa al pueblo tártaro de Crimea de colaborar con los nazis, pues se cuenta que alrededor de 20.000 tártaros pasaron a desertar frente a los nazis en plena invasión y a apoyar la expulsión del ejército soviético.
Stalin no dudó en organizar una eficaz limpieza étnica en Crimea a través del NKVD (Comisionariado del Pueblo para Asuntos Internos) deportando a todo un grupo étnico. Este era un departamento gubernamental con funciones policiales encargado en este caso de operar en la expulsión. Los tártaros fueron trasladados a la fuerza desde Crimea a otras Repúblicas Soviéticas, principalmente a Uzbekistán como castigo por el supuesto apoyo a la ocupación nazi. Familias enteras con niños fueron expulsados de sus casas y represaliados. Así las cifras muestran que 194.155 tártaros fueron deportados. La deportación del pueblo tártaro es conocida como Sürgün (exilio en tártaro).
Fuente: https://chronicle6883.files.wordpress.com/2013/09/deportation-of-crimean-tatars-1944.jpg?w=700&h=452
En los nuevos asentamientos serían obligados a trabajar al menos 12 horas diarias generalmente en las minas de carbón y madera, y en la agricultura. Las condiciones de traslado hacía que la mayoría de niños y ancianos murieran rápidamente. El hacinamiento, la inanición y la proliferación de enfermedades como la tuberculosis, tifus y otras aminorara la población rápidamente. Así como las duras condiciones de trabajo inhumano con largas jornadas y escasez de alimentos, al igual que la deserción estaba, por supuesto, condenada con la muerte, se calcula que en cinco años desapareció el 30% de toda la población tártara crimea. Esta llega a ser una de las limpiezas étnicas más rápidas que se hayan realizado.
Una de las teorías por las que Stalin proyectaba la limpieza étnica venía por la naturaleza túrquica de los pueblos minoritarios del Cáucaso y el Mar Negro. El Imperio Otomano y la moderna Turquía han tenido y tienen intereses opuestos en la región a los intereses de la URSS y Rusia. Un supuesto apoyo de los pueblos minoritarios a los intereses turcos supondría una amenaza grande para la URSS en la región, por lo que Stalin pudo decidir que para prevenir levantamientos y una desesabilización, lo eficaz sería eliminar las minorías étnicas, deportarlas, controlarlas o reducirlas al mínimo para evitar deserciones a favor del enemigo.
Supuso también la destrucción rápida de la cultura tártara con la quema de libros y manuscritos en tártaro, la destrucción y conversión de mezquitas en cines y otros edificios culturales, la rusificación de los nombres de pueblos y ciudades de Crimea y el veto a la lengua tártara.
De la misma manera a los uzbekos no les cayó bien la llegada de los tártaros a sus tierras, considerados traidores a la Unión Soviética, a pesar de que ambos pueblos fueran de religión islámica.
Hasta noviembre de 1989, el gobierno de la Unión Soviética no permitió a los tártaros volver a su tierra originaria. De manera que la Organización de las Naciones Unidas hacía hincapié en que se reconociera como genocidio, el último gobierno soviético reconocía los actos represivos y criminales del Estado contra las minorías étnicas. En 1991, Boris Yeltsin reconocía firmemente los crímenes cometidos durante la dictadura de Stalin.
Con la independencia de Ucrania en 1991, Crimea, que fue transferida en 1954 de la RSFS de Rusia a la RSS de Ucrania, formaría parte del nuevo Estado independiente. Los tártaros retornarían a su tierra originaria y su idioma y cultura sería revitalizada.
Tras los disturbios en Ucrania en 2014, y el referéndum de adhesión a la Federación Rusa, muchos tártaros que conviven con la mayoría rusa actual en Crimea, ven como una amenaza encontrarse bajo la autoridad rusa de nuevo, por lo que no reconocen la anexión. En cualquier caso se han aprobado resoluciones de derecho de autodeterminación de los tártaros dentro de la nueva autoridad pero no por ello se cuestionan las nuevas políticas al no existir un gran apoyo tártaro a la autoridad rusa. Recientemente se cerró el principal canal de televisión en lengua tártara ya que operaba con licencia ucraniana y no rusa, lo que no ha dejado de reavivar las tensiones.
Esta explicación me ha ayudado a entender algo más el contexto del conflicto en Ucrania y de cómo la situación se deja entrever en otros ámbitos como en Eurovisión. En cualquier caso, no soy para nada partidario de llevar un mensaje político a un concurso como este, y sobre todo cuando se trata de hacer referencias a un conflicto latente que puede reavivar tensiones.
A pesar de ello, respeto la historia que hay detrás de una canción y el mensaje que se quiere transmitir con ella si se utiliza en un contexto diferente y de distensión. Al fin y al cabo, Eurovisión debería ser un festival de confluencia social y cultural entre los países europeos (y Australia) y no de divergencia política.
Referencias rápidas:
http://www.iccrimea.org/scholarly/jopohl.html
http://mfa.gov.ua/ua/media/deportation
http://news.nationalgeographic.com/news/2014/03/140314-crimea-tatars-referendum-russia-muslim-ethnic-history-culture/
http://www.telegraph.co.uk/tv/2016/05/11/jamalas-ukraine-eurovision-song-stirs-up-russia/
http://www.massviolence.org/surgun-the-crimean-tatars-deportation-and-exile



