lunes, 24 de marzo de 2014

Zašto?

"Zašto?" en serbio significa "¿por qué?. Caminando por el parque Tašmajdan de Belgrado, al lado de la iglesia de San Marcos podemos encontrar una lápida memorial con estas palabras. A su izquierda y salvando un desnivel, vemos un edificio medio derruido que podría pasar por un edificio abandonado como otro cualquiera, pero no es un edificio sin más, aquel fue el edificio de la televisión nacional serbia hasta 1999, el cual fue derribado el 23 de abril de dicho año en nombre de la paz y causando 16 muertos.

Hoy se cumplen 15 años del inicio de los bombardeos de la OTAN sobre suelo serbio. Son 15 años desde que una guerra ilegal fue perpetrada por los intereses de los de siempre contra la población civil de un Estado en descomposición, un país en el que los delirios de su gobernante servían de justificación para hundir por completo un Estado que una vez aspiró a convertirse en una gran potencia regional y estabilizadora de los continuos conflictos nacionalistas en los Balcanes. 

Ya entonces lo que conocíamos como Yugoslavia había perdido gran parte de su territorio. En 1991 Eslovenia declaró su independencia, seguida de Croacia a través de una guerra de independencia apoyada por la Comunidad Económica Europea y posteriormente reconocido el nuevo Estado por Naciones Unidas. Territorios en litigio con Serbia, los cuales conformaban la Krajina y con mayoría de población serbia, quedaron en manos de Croacia tras el Convenio de Erdut y reconocido por la Resolucion 1023 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La República de Macedonia declaró su independencia en 1991 aunque no fue reconocida internacionalmente hasta 1993 debido a la disputa con Grecia por la denominación del nuevo Estado.
El Estado yugoslavo no pudo frenar su disgregación, los nacionalismos acuciaban a las repúblicas que formaban la federación y su máximo exponente se alcanzó en la guerra de Bosnia, del 1 de abril de 1992 al 14 de diciembre de 1995. En 1992 se decide en referéndum la independencia de Bosnia y Herzegovina, el cual fue boicoteado por las autoridades de la República Srpska, de población serbia y parte componente de Bosnia. El presidente entonces de la República Serbia, Slobodan Milošević, apoyando al líder nacionalista serbobosnio Radovan Karadžić, llamó a la unidad de los serbios y el derecho a vivir en una sola nación. Los actos del ejército serbobosnio a la orden del general Ratko Mladić, dejaron en evidencia la protección de los serbobosnios y propiciando matanzas como la ya conocida masacre de Srebrenica, donde fueron fusilados más de 8000 bosnios musulmanes. Esta no fue la única masacre y el ejército serbobosnio no fue el único en practicar asesinatos en masa, sino que los contendientes croatobosnios y bosniacos musulmanes tomaron parte en la persecución y eliminación de población serbocroata en territorio bosnio (véase la Operación Tormenta, con 150 muertos y mas de 150.000 desplazados). La guerra, alentada por las ansias de reparto territorial entre el líder croata Franjo Tuđman y Slobodan Milošević, en total acabó con la pérdida de más de cien mil vidas. El apoyo militar de la OTAN la las fuerzas croatas y musulmanas minimizaron la importancia de las víctimas serbias, lo que ofendió la moral de la sociedad serbia la cual no sabía si sentirse culpable u ofendida por las consecuencias de la guerra.  Los Acuerdos de Dayton alcanzados en 1995 dieron pie al nuevo Estado de Bosnia y Herzegovina, experimentando con una Yugoslavia en tamaño reducido donde tres identidades nacionales tenían que convivir en paz tras una dura guerra donde se desataron los odios más profundos.

Pero tras toda esta explicación resumida de la disgregación de Yugoslavia, el tema central es la última guerra que golpeó Serbia. Cuando esta era la República Federal Socialista Serbia dentro de Yugoslavia, las Provincias de Vojvodina y Kosovo gozaban de una amplia autonomía. Kosovo precisamente estaba habitado en un 75% hacia los años 1980s por población albanesa ante una menguante población serbia que conformaba alrededor de un 13% del total, casi tres veces menos que cuarenta años atrás. La evolución demográfica hizo que la población albanesa siguiera aumentando hasta un 90% en los años 2000 debido a las altas tasas de natalidad frente a una progresiva reducción de población serbia que hoy no llega al 10% agravada por los conflictos interétnicos que se estaban produciendo en la provincia. Las autoridades pasaron a manos albanokosovares gracias a la autonomía concedida y las escuelas podían enseñar en idioma albanés.
Esto hizo que la población serbia se sintiera cada vez más discriminada y desplazada. La violencia étnica contra ellos y el ascenso de Milošević con su política nacionalista, desembocó en la anulación de la autonomía en 1989, retornando el serbio como lengua vehicular, reduciendo la influencia de la mayoría albanesa y persiguiendo a los anteriores dirigentes de la provincia.

Kosovo creó un gobierno paralelo al establecido desde las autoridades de Belgrado, con Ibrahim Rugova al frente desde 1992. Por entonces se constituye el grupo terrorista Ejército de Liberación de Kosovo conocido por las siglas en albanés (UÇK) comandado por el actual presidente kosovar y criminal de guerra Hashim Thaçi. El UÇK cometía atentados contra objetivos serbios por la liberación de Kosovo. Entonces múltiples enfrentamientos se produjeron entre el Ejército de Yugoslavia y las guerrillas del UÇK, pero el interés y la atención internacional no llegó hasta 1998. Fue mazor el interés cuando se publicaron datos sobre la matanza de Račak, del 15 de enero de 1999 donde las informaciones hablan de 45 muertos entre ellos 3 del UÇK, de las cuales se les atribuyó la autoría a fuerzas serbias. Más tarde se ha descubierto que los datos fueron manipulados, y asesinatos causados por el propio UÇK contra su población fueron atribuidos a la población serbia, causando una espiral de odio mutua y avivando verdaderos enfrentamientos étnicos en ambos sentidos, y desplazamientos de población ante la inseguridad de ser tomados por las guerrillas o por el ejército. 

La ronda de negociaciones de Ramboulliet fue organizada por la OTAN entre enero y febrero de 1999 para justificar el bombardeo de las ciudades serbias ya que Milošević se negaba a aceptar las duras sanciones internacionales. Los representantes serbios rechazaron el intento de imposición internacional de medidas que proponían la escisión de Kosovo de la República Serbia formando otra república en lo que quedaba de Federación Yugoslava, de lo contrario, políticos albanokosovares tomarían parte importante en la representación parlamentaria en Belgrado y ejercería una influencia considerable en la política serbia. Estas propuestas eran inaceptables para el gobierno serbio, por lo que Ramboulliet resultó un fracaso de la diplomacia, en gran medida alentado por deseos de intervención y establecer influencia estadounidense en un estratégico enclave balcánico de cara al control del Oriente Próximo. La entonces Secretaria de Estado estadounidense de origen checo, Madeleine Albright, que pasó parte de su infancia en Belgrado, demonizaba todo aquello que sonara a serbio, acusando a la sociedad de tener las manos manchadas de sangre, y por eso había que castigarles duramente, era necesario realizar una intervención ilegal pero sería "justa". Así llegaban a un acuerdo con las autoridades lideradas por el militar y criminal Hashim Thaçi para actuar a favor del UÇK, inmortalizado en múltiples fotos entre las que se encuentra la del apretón de manos con el entonces Secretario General de la Alianza Atlántica Javier Solana. 

La intervención "humanitaria" de la OTAN comenzó el 24 de marzo de 1999, sin haber obtenido la aprobación del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, lo que lo convierte con claridad en una guerra ilegal. Pero esta guerra "humanitaria" y mediáticamente llamada "quirúrgica" conseguía lanzar sus misiles tomahawk sobre la capital yugoslava y otras ciudades importantes de Serbia, destruyendo no solo edificios estratégicos y gubernamentales que dejaron unas pérdidas de 29,6 mil millones de dólares, sino también centenares de escuelas, hospitales, viviendas fueron arrasadas, y lo peor, llegando a cifras de alrededor de 2.500 civiles muertos entre ellos 88 niños, 3.500 bajas en el ejército, y 250.000 desplazados que se produjeron tras 78 días de bombardeos en los que las informaciones no dan cuenta de las cantidades de uranio empleadas en sus armas. La radiactividad ha aumentado en Serbia a raíz del bombardeo, con un incremento en los casos de cáncer y otras complicaciones derivadas en la población. 

La cuestión principal de esta guerra no era sino desplazar al Ejército de Yugoslavia de la provincia de Kosovo y dejarlas en control de las fuerzas de la OTAN, por supuesto apoyadas plenamente por el UÇK. 
No solo no era legal, sino que su intención principal no parecía la protección de la población albanokosovar aunque fuera el mayor pretexto, sino establecer el control sobre una región inestable como punto estratégico para los intereses de la Alianza. Al bombardear a la población civil serbia, conseguía desmoralizarla, atacar en los puntos más débiles en vez de centrarse en su falsa intervención "quirúrgica" contra el gobierno yugoslavo. Al fin y al cabo, las víctimas serbias no eran mas que "daños colaterales" inevitables para la Alianza Atlántica. Con la antigua estrategia militar de "divide y vencerás", los aliados consiguieron hundir en una profunda depresión económica y social a Serbia, un país cuyos gobernantes déspotas fueron clave fundamental en la estrategia occidental para intervenir en nombre de los derechos humanos mientras estos se encuentran últimos en la lista de sus objetivos. 

La doble moral atlantista delata sus intenciones pero el impacto sobre la sociedad de un Estado europeo ha marcado y marcará por bastante tiempo la resignación y el rechazo de parte de la sociedad serbia ante cualquier apertura hacia la Alianza Atlántica. La población ha acabado asumiendo los costes tanto morales como materiales de la guerra, y los prejuicios internacionales se han mantenido hasta hace bien poco sobre los serbios, pero la realidad es mucho más lejana. En opinión personal, no he conocido antes una sociedad tan hospitalaria y generosa como la serbia. Las calles de Belgrado y Kragujevac, las dos ciudades serbias que he tenido el placer de conocer, les encontré llenas de movimiento y un ambiente alegre, lejos de los estereotipos grises de la Serbia afectada por la guerra. La fortaleza de Kalemegdan en la Ciudad Blanca, luce verde en un día de sol, en la que se alza uno de sus símbolos más importantes y que tengo por avatar, la estatua del héroe, mirando de cara a la confluencia de los ríos Sava y Danubio, delata un optimismo sobre un futuro todavía incierto para una sociedad afectada de una crisis económica agravada por los acontecimientos producidos 15 años atrás. Una sociedad serbia en 2014 que busca la reconciliación duradera con sus vecinos y la entrada en la Unión Europea para así dejar atrás el horror del pasado. Son pasos hacia delante dispuestos a recuperar la confianza en una comunidad internacional que banalizó y restó importancia a las víctimas en suelo serbio, como todavía hoy en día se hace en otros lugares. Serbia mira al futuro como el resto de la sociedad que una vez habitó en un Estado llamado Yugoslavia, pero en la memoria colectiva todavía quedan acciones sin responsables y una pregunta a la que no se le ha dado respuesta: ¿por qué?








domingo, 23 de marzo de 2014

Del 22-M a la muerte de Adolfo Suárez

Volviendo al panorama nacional, hemos tenido un fin de semana intenso en cuanto a información mediática se refiere y por tanto quisiera plasmar mi valoración sobre la escena política española de los últimos días. Me hubiera gustado dedicarle una entrada a cada uno de los acontecimientos pero he decidido no extenderme tanto y poder encontrar una relación entre ellos. De hecho, antes de que comience el "Clásico" y encuentre otros argumentos con los que criticar despiadadamente tan importante encuentro deportivo, prefiero centrarme en lo ya sucedido. Quede constancia de que estaré al tanto del partido.

Sábado 22 de marzo, la prensa tanto televisiva como escrita comienza a dar cierta relevancia al movimiento 22M, es decir, la llegada a Madrid de todos los rincones de España de decenas de miles de personas (o incluso más, ya que la manipulación de los datos está a la orden del día) que se concentran en una manifestación multitudinaria para denunciar la grave crisis política que nos inunda en todos los ámbitos. Ya había comentado anteriormente con bastantes personas que los medios de comunicación no habían dado información los pasados días sobre el evento, a excepción de los más orientados hacia la izquierda política y en las redes sociales. No parecía un hecho de importancia como para avisar a los ciudadanos poco avezados en el mundo de internet, al fin y al cabo las consecuencias no serían novedosas. Sin embargo, el día anterior, el político Adolfo Suárez Illana comunicaba a la prensa el progresivo deterioro de la salud de su padre, el expresidente del gobierno, Adolfo Suárez, cuyo fallecimiento sería inminente en las siguientes 48 horas. Tales informaciones se extendían por los informativos de la televisión a la velocidad de la luz. Reportajes y entrevistas sobre la vida y carrera del presidente clave de la Transición Española se emitían desde las primeras informaciones tal como si el expresidente hubiera fallecido, pero la realidad es que todavía se encontraba acompañado de su familia en sus últimos momentos. El revuelo mediático supera mi capacidad de juicio: estaba todo preparado para el inminente desenlace, el Congreso preparado para ser la capilla ardiente, las televisiones intensificando su recuerdo al fallecido, la misa ya programada, y el expresidente todavía en vida. Todo ello me causa una extraña sensación, un interés por el sensacionalismo ante un evento doloroso para una familia, y sin embargo otras noticias importantes quedan relegadas a un segundo plano, o a un tercero. 

Esta mañana las informaciones en los periódicos recogían lo peor de las protestas. Grupos radicales antisistema eran anoche protagonistas de la violencia en las calles de Madrid, y por tanto venían a representar el espíritu del 22M, y cómo no, los titulares no podían ser menos duros descalificando las maifestaciones de ayer: un saldo de 24 detenidos y 101 heridos, entre los cuales 69 eran policías. Así se descalifican las reivindicaciones ciudadanas. Miles y miles de personas, tras pesadas horas de viaje, vienen a alzar la voz y clamar por los derechos que nos pertenecen a todos, por la situación insostenible de muchos españoles y como rezaba el lema, por la "dignidad" a poder vivir, a poder tener un futuro en este país. Mientras tanto los protagonistas de la jornada se reducían a menos de un uno por ciento del total de personas en la manifestación. Grupúsculos radicales obtienen su momento de gloria causando disturbios, destrozos del mobiliario urbano, o arrojando adoquines de la calzada a la policía, unidos a las represalias de los antidisturbios, lo que lo convierte en una batalla campal ya cotidiana en la capital. 
Nota para los foráneos: no pretendo dar a entender que en mi ciudad en cualquier parte puedan encontrarse batallas de este tipo con la policía. Puedo asegurar que en las calles más céntricas se respiraba un ambiente absolutamente tranquilo de fin de semana.

Precisamente de esta manera deslegitimamos el valor de nuestras reivindicaciones. Aquellos colectivos reducidos de antisistema no se percatan de que sus acciones acaban volviéndose en su contra, y en contra de todos. Son objetivo fácil en los argumentos de las autoridades políticas para descalificar a la ciudadanía manifestante y por tanto seguir tomándonos el pelo. Mientras hagan uso de la violencia injustificada en nombre de todos, difícilmente podremos dar una lección de ciudadanía y nos sumirá en un mayor inmovilismo ante los mayores recortes de la democracia en España.

Democracia, bonita palabra, que desde el medio día de hoy no paraba de repetirse en los medios ante la reciente muerte de Adolfo Suárez, primer presidente del gobierno español elegido democráticamente en España desde las últimas de la Segunda República Española en 1936. No podemos olvidar su papel clave, aquel que era un político poco conocido saltaba a la escena española de la recién estrenada democracia. Entonces España comenzaba a dar sus primeros pasos de libertad política en la historia reciente. Si bien es verdad, las críticas a la Transición nunca faltan, pues hoy día contemplamos las consecuencias tanto buenas como malas de aquel proceso. Un consenso entre fuerzas políticas y nacionalistas de toda índole cuyo objetivo era la intención de borrar el mito de las dos Españas, pero que no pudo evitar los desacuerdos que siguen a la orden del día. Es fácil criticar un proceso de democratización, pero también es dificil de consensuar. Desde mi punto de vista, no cuestiono el papel de los artífices de la Transición a pesar de mis discrepancias ideológicas, pero me hace reflexionar sobre el mérito de lograr un acuerdo entre fuerzas opuestas, profundamente marcadas por la Guerra Civil y 40 años de Franquismo. 

Los errores o los agujeros del proceso de la Transición son difíciles de evitar, y por ello a medida que avanzamos en la construcción de una España más estable, se van vislumbrando. Por ello nos cuestionamos ¿monarquía o república?, ¿Estado de Autonomías, federal o unitario?, ¿Estado laico o aconfesional?, ¿recuperación de la ley de memoria histórica? y un sinfín de preguntas que mantiene las discrepancias entre la población española y que culpan al post-Franquismo de no haberlas resuelto. Es verdad que los sucesivos gobiernos no han logrado establecer por completo los objetivos idealizados de la Transición, a la que ya se llega a calificar de "mito", pero debemos tener en cuenta que el papel de políticos como Adolfo Suárez fue un ejemplo tanto a nivel nacional como internacional de que España estaba dispuesta a llevar a cabo una trayectoria democrática sin más derramamiento de sangre.  
Por este motivo los ciudadanos debemos tomar parte de la democracia, no reducida a echar un papel en una urna cada cuatro años, sino de reivindicar nuestro papel como sociedad madura, dueña de su futuro. Ya sé que son palabras redundantes e idealizadas pero si seguimos en la senda del inmovilismo temeroso al radicalismo y complaciente con los excesos y abusos de nuestros gobernantes, y el extremismo deseoso de ganar adeptos fáciles y desestabilizar por completo la democracia, no nos aseguraremos alcanzar nuestros objetivos comunes. Seamos consecuentes. 





jueves, 20 de marzo de 2014

Quebraderos de cabeza: Ucrania y el polvorín de Crimea

Tras intentar resistirme a debatir sobre el tema que copa todos los periódicos, al final he cedido a escribir una entrada. Los recientes acontecimientos en Ucrania reflejan un panorama muy complejo y  a la vez complicado del cual no pretendo decir nada nuevo que no se haya dicho, sino plasmar mis impresiones sobre los eventos ocurridos y los que es posible que estén por ocurrir.

Una de las claves que hacen de Ucrania un Estado difícil de llevar es la polarización ahondada en las características culturales y lingüísticas de su sociedad. Las provincias o óblasts occidentales son mayoritariamente de habla ucraniana, sin embargo las orientales y del sur son de habla rusa.

Como todo aquel que lee la prensa, sabemos que el detonante de la crisis actual en Ucrania, mencionado por los medios de comunicación, comienza con la suspensión de la firma del Acuerdo de Asociación y el Acuerdo de Libre Comercio del gobierno del depuesto presidente Viktor Yanukovich con la Unión Europea, el 20 de noviembre de 2013. El descontento social en la capital ucraniana se dejó notar, y entonces no muchos internacionalistas preveían que la crisis pudiera alcanzar unas dimensiones preocupantes. Tenemos el precedente de la Revolución Naranja en 2004 donde ya el señor Yanukovich era acusado de fraude por amañar las elecciones, a lo que las protestas obligaron a repetir el proceso electoral del que el lider prooccidental Viktor Yúschenko salió elegido.

Atendiendo a la división polarizada antes hecha, tradicionalmente en las elecciones ucranianas se ha vislumbrado esta división: la mayoría de votantes a los partidos políticos prooccidentales y nacionalistas se concentran en el Oeste, mientras que los votantes de partidos prorrusos en el Este.

En el caso de la destitución forzada del expresidente Yanukovich responde a un profundo descontento social ante la concentración de poder del presidente, el recorte de la libertad de expresión y los escándalos de corrupción que salpicaban a los más altos cargos. La crisis económica empujaba y empuja a los ciudadanos de Kiev a buscar un medio para cambiar el rumbo que el gobierno estaba llevando al país.
Muchos sectores de la sociedad consiguieron hacer de la emblemática plaza de Maidán de Kiev una verdadera batalla campal, entre las fuerzas de seguridad y según algunas informaciones, una mano negra enviada por el gobierno de Rusia, la batalla dejó de ser una protesta para convertirse en una carnicería con más de cien víctimas mortales. Al fin y al cabo, se consiguió el propósito de hacer huir al presidente y acaparar el poder del Parlamento.

Hoy no se constituiría una crisis tan grave si no fuera por la singularidad de Ucrania en su conformación territorial, demográfica y la importancia estratégica que tiene para Rusia. Esta por su parte expresa su rechazo rotundo a la deposición de su aliado Yanukovich, escudándose en la existencia de grupos ultranacionalistas que hoy por hoy son una fuerza importante en el nuevo Parlamento y copan algunos ministerios del gobierno interino. Los hechos en Kiev despiertan la alarma en las provincias rusófonas y sobre todo en la República Autónoma de Crimea.

Crimea es hoy día el centro de todas las miradas internacionales. Región de población mayoritariamente rusa con minorías ucraniana y tártara originarios de la península. Si la distribución territorial de Ucrania es verdaderamente compleja, Crimea representa la complejidad absoluta en sus características geopolíticas, estratégicas y sociales. Su declaración de independencia el 11 de marzo de 2014 y el referéndum con resultado a favor de integrarse en la Federación Rusa del 16 de marzo abre la brecha una vez más en el cumplimiento del derecho internacional. Aún así, si atendemos a antecedentes históricos: hasta 1954, Crimea pertenecía a Rusia y fue cedida por el presidente soviético Nikita Kruschev a la República Socialista Soviética de Ucrania, sin prever que la Unión Soviética desaparecería en 1991 y abriría el conflicto por la soberanía de la península. Ya desde entonces se han producido múltiples reivindicaciones sociales y políticas para su retorno a Rusia.  De hecho, esta cuenta con el control de una base militar, la famosa Flota del Mar Negro, en la ciudad crimea de Sebastopol, cedida a Rusia hasta 2042.

Los acontecimientos recientes cambian por completo los estatutos que rigen la soberanía de Crimea. Hoy día tras la firma de adhesión a la Federación Rusa el 18 de marzo, pertenece a esta de facto. No hay un reconocimiento internacional sobre esta transferencia de poder, y los mayores defensores de la unidad de Ucrania vienen siendo la Unión Europea, Estados Unidos y el gobierno ucraniano como es obvio. Parece bien claro que no cumple con el derecho internacional, pero el presidente Putin siempre encuentra argumentos claros que ponen en evidencia la hipócrita posición del mal llamado "bloque occidental". Como siempre Kosovo aparece en cualquier justificación de Vladimir Putin. Los graves errores de la Alianza Atlántica en la antigua Yugoslavia siempre sirven para callar las voces occidentales. Ya ocurrió con la guerra de Georgia en 2008 con la independencia de facto de Abjasia y Osetia del Sur y ahora ocurre con Crimea, con mayor relevancia para los intereses rusos.

No es sino una muestra más del hard power que las grandes potencias pueden llegar a ejercer para escapar fácilmente de la débil aplicación del derecho internacional. La Unión Europea no puede posicionarse muy a la defensiva de Rusia pues el abastecimiento energético de muchos de sus miembros depende en su mayoría del gas natural ruso. Rusia amenaza con la intención de buscar nuevos socios energéticos, lo que debería hacernos temblar o de otra manera convencer a Rusia de que no es buena idea dar tal estocada cuasi mortal a la economía europea. Mientras tanto Estados Unidos tiene mayor libertad de margen y puede permitirse comentarios de sus responsables de asuntos europeos en el Departamento de Estado como "que se joda la Unión Europea". Terrible será si los europeos tenemos que sufrir las consecuencias de acciones imprudentes decididas desde el otro lado del Atlántico.

Ucrania por su parte sigue su proyecto de convocar elecciones el mayo de 2014 pero con el miedo de que Rusia dé un paso más en su territorio. Por decirlo de alguna manera, parece que Ucrania no es dueña de su propio destino. Intereses rusos e intereses euro-estadounidenses se reparten la influencia sobre el terreno sin importar las consecuencias en la propia población, pues esta es y será la que las sufra. Las nuevas fuerzas en el gobierno de Ucrania entre ellas grupos ultranacionalistas, véase el partido Svoboda, son alentados por una Unión Europea temerosa de los partidos nacionalistas de sus miembros que amenazan con desestabilizar por completo el proyecto europeo. Estados Unidos se lamenta de ver limitada su influencia militar en el Mar Negro, y Rusia se siente reina y dueña del destino de la región. No hay mas que ver cómo la popularidad del señor Putin ha crecido hasta un 70% entre la población rusa.

Las previsiones futuras se mueven en un verdadero campo de incertidumbre. Algunas de ellas apuntan a un probable avance de Rusia en las provincias prorrusas promoviendo celebraciones de referéndum de adhesión entre la población favorable a Rusia y críticas con el nuevo gobierno en Kiev, lo que podría dividir por completo el estado ucraniano. Por otra parte, las visiones más prudentes esperan un estancamiento del avance ruso limitado solo a Crimea, y la llegada a un difícil acuerdo que no ponga en peligro la estabilidad del continente europeo. Sin embargo viendo la trayectoria actual, no creo que las perspectivas futuras sean benévolas. Lo que sí esta situación ha provocado ha sido desatar las alarmas en otros Estados que una vez pertenecieron a la antigua URSS y poseen una importante población rusa. Veremos si esto trae efectos en otras regiones separatistas como en el caso de Transnistria en Moldavia.



martes, 11 de marzo de 2014

Diez años de dolor e infamias

Hoy querría aparcar los temas internacionales para hacer un inciso en un episodio de los más duros en la historia reciente de España. Hace hoy exactamente diez años 192 personas perdían la vida en cuatro trenes de Cercanías de Madrid en su camino al trabajo o a sus estudios, o simplemente porque necesitaban tomar ese tren con la desgracia de coincidir con individuos fanáticos cuyo objetivo pasaba por golpear duramente la moral de un país y de su sociedad. Aquel día yo no era más que un estudiante de secundaria que como cada mañana iba a clase, pero con la diferencia de la trágica noticia y la incertidumbre que reinaba en los primeros momentos. Aún así ya tenía conciencia del daño moral que suponía para los ciudadanos de Madrid y en general para la sociedad española. Si hubiera ocurrido algunos años más tarde, fácilmente podría haber sido víctima. Cualquiera podría haber sido víctima en aquel atentado.

Esta entrada no pretende ser precisamente descriptiva sino crítica. Me gustaría hacer una evaluación personal sobre las consecuencias del dramático atentado cuya memoria ha resurgido más fuerte que nunca en la primera década desde su perpetración. Hoy en día sigue dando que hablar en los medios de comunicación, algunos de ellos exprimen hasta la última gota de los hechos con especulaciones, conspiraciones y paranoias, todo ello instrumentos que partidos políticos, los medios citados y grupos de presión han hecho de ello su arma para tapar errores que condujeron a que se produjera el atentado.

He podido leer, oír y ver en los medios de comunicación toda clase de argumentos conspiranoicos, desde personalidades que aún creen en la autoría de ETA en el ataque y que niegan cualquier participación islamista, hasta las más absurdas teorías que envuelven a los propios dirigentes del Partido Socialista presuntamente compinchados con la policía para arrebatar el poder al Partido Popular en las Elecciones Generales que se celebraron tres días más tarde. Es bien sabido que no hubo una buena aceptación de la derrota popular, por lo que siguieron negando la intervención de fanáticos islamistas aún habiéndose presentado pruebas que descartaban la intervención etarra. 

Pero ya no es solo el hecho de negar o afirmar pruebas. El gobierno perdió las elecciones por actuar en contra de la voluntad popular en una guerra ilegal y perdió el mayor apoyo de manera drástica desgraciadamente tras el impacto del atentado en los electores, del cual no permanece impune al difundir conclusiones falsas sobre el atentado. Desde entonces, se han vertido una sarta de mentiras y especulaciones que acusaban injustamente a ciudadanos, policías, guardias civiles, personal médico y psicológico que tuvieron que lidiar con la masacre, atendiendo y salvando la vida a otros cientos de personas heridas, luchando a contrarreloj por recuperar el orden y la cordura. Absurdas acusaciones se hicieron, calificando de asesinos a aquel personal imprescindible en aquellos momentos de caos. Teorías que inducían a la paranoia, colaboración socialista, golpe de Estado, Zapatero como asesino de 192 personas, la Policía sobornada y demás sandeces hechas de manera gratuita desde un estudio radiofónico. Resulta lamentable que se llame profesionales a aquellos que se dedican a insultar sin argumentos y nulo rigor comunicativo para alimentar el morbo que provoca una masacre.   

Es vergonzoso ver cómo la dirección de un periódico decide manipular la información de una masacre, en contra del rigor profesional de sus empleados, para manejar la opinión pública y mitigar las consecuencias que  puedan tener para el partido del gobierno. Es intolerable jugar con la vida de doscientas personas y la de más de mil afectados para usarlas con fines políticos. Es increíble que todavía hoy sigan publicándose teorías conspirativas sobre asesinar a 192 personas para ganar unas Elecciones Generales. Todo ello causa un dolor prolongado para familiares de las víctimas que piden saber la verdad, que se apliquen las penas a los culpables y poder reparar aquel daño sin que nadie juegue de manera lucrativa con sus sentimientos.

Por otra parte, consideraría que la inmensa mayoría de sociedad española no ha sucumbido a la división y la confrontación política, sino que ante el dolor ha permanecido unida y solidaria. Y lo más importante, en España no se ha producido ningún brote generalizado de xenofobia o islamofobia como se ha podido dar en otros países europeos por causas muy diferentes, con excepción de que se puedan dar casos aislados. 

A mi juicio, y para concluir, creo que la mayoría de la sociedad española ha estado a la altura de las consecuencias de la peor masacre perpetrada en nuestro país. A diferencia de ello, los sectores más polítizados, cuya actuación ha desembocado en un lamentable espectáculo que evoca la imagen de unas aves carroñeras sobrevolando un cadáver, han enturbiado y ofendido a una población cada vez más descontenta y pesimista. De cierto modo, ójala se esclarezcan los hechos del atentado de la manera más objetiva posible y consiga callar con la verdad a aquellos que acusaron sin piedad ni argumento a ciudadanos que trabajaban por el bien común de todos.