"Zašto?" en serbio significa "¿por qué?. Caminando por el parque Tašmajdan de Belgrado, al lado de la iglesia de San Marcos podemos encontrar una lápida memorial con estas palabras. A su izquierda y salvando un desnivel, vemos un edificio medio derruido que podría pasar por un edificio abandonado como otro cualquiera, pero no es un edificio sin más, aquel fue el edificio de la televisión nacional serbia hasta 1999, el cual fue derribado el 23 de abril de dicho año en nombre de la paz y causando 16 muertos.
Hoy se cumplen 15 años del inicio de los bombardeos de la OTAN sobre suelo serbio. Son 15 años desde que una guerra ilegal fue perpetrada por los intereses de los de siempre contra la población civil de un Estado en descomposición, un país en el que los delirios de su gobernante servían de justificación para hundir por completo un Estado que una vez aspiró a convertirse en una gran potencia regional y estabilizadora de los continuos conflictos nacionalistas en los Balcanes.
Ya entonces lo que conocíamos como Yugoslavia había perdido gran parte de su territorio. En 1991 Eslovenia declaró su independencia, seguida de Croacia a través de una guerra de independencia apoyada por la Comunidad Económica Europea y posteriormente reconocido el nuevo Estado por Naciones Unidas. Territorios en litigio con Serbia, los cuales conformaban la Krajina y con mayoría de población serbia, quedaron en manos de Croacia tras el Convenio de Erdut y reconocido por la Resolucion 1023 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La República de Macedonia declaró su independencia en 1991 aunque no fue reconocida internacionalmente hasta 1993 debido a la disputa con Grecia por la denominación del nuevo Estado.
El Estado yugoslavo no pudo frenar su disgregación, los nacionalismos acuciaban a las repúblicas que formaban la federación y su máximo exponente se alcanzó en la guerra de Bosnia, del 1 de abril de 1992 al 14 de diciembre de 1995. En 1992 se decide en referéndum la independencia de Bosnia y Herzegovina, el cual fue boicoteado por las autoridades de la República Srpska, de población serbia y parte componente de Bosnia. El presidente entonces de la República Serbia, Slobodan Milošević, apoyando al líder nacionalista serbobosnio Radovan Karadžić, llamó a la unidad de los serbios y el derecho a vivir en una sola nación. Los actos del ejército serbobosnio a la orden del general Ratko Mladić, dejaron en evidencia la protección de los serbobosnios y propiciando matanzas como la ya conocida masacre de Srebrenica, donde fueron fusilados más de 8000 bosnios musulmanes. Esta no fue la única masacre y el ejército serbobosnio no fue el único en practicar asesinatos en masa, sino que los contendientes croatobosnios y bosniacos musulmanes tomaron parte en la persecución y eliminación de población serbocroata en territorio bosnio (véase la Operación Tormenta, con 150 muertos y mas de 150.000 desplazados). La guerra, alentada por las ansias de reparto territorial entre el líder croata Franjo Tuđman y Slobodan Milošević, en total acabó con la pérdida de más de cien mil vidas. El apoyo militar de la OTAN la las fuerzas croatas y musulmanas minimizaron la importancia de las víctimas serbias, lo que ofendió la moral de la sociedad serbia la cual no sabía si sentirse culpable u ofendida por las consecuencias de la guerra. Los Acuerdos de Dayton alcanzados en 1995 dieron pie al nuevo Estado de Bosnia y Herzegovina, experimentando con una Yugoslavia en tamaño reducido donde tres identidades nacionales tenían que convivir en paz tras una dura guerra donde se desataron los odios más profundos.
Pero tras toda esta explicación resumida de la disgregación de Yugoslavia, el tema central es la última guerra que golpeó Serbia. Cuando esta era la República Federal Socialista Serbia dentro de Yugoslavia, las Provincias de Vojvodina y Kosovo gozaban de una amplia autonomía. Kosovo precisamente estaba habitado en un 75% hacia los años 1980s por población albanesa ante una menguante población serbia que conformaba alrededor de un 13% del total, casi tres veces menos que cuarenta años atrás. La evolución demográfica hizo que la población albanesa siguiera aumentando hasta un 90% en los años 2000 debido a las altas tasas de natalidad frente a una progresiva reducción de población serbia que hoy no llega al 10% agravada por los conflictos interétnicos que se estaban produciendo en la provincia. Las autoridades pasaron a manos albanokosovares gracias a la autonomía concedida y las escuelas podían enseñar en idioma albanés.
Esto hizo que la población serbia se sintiera cada vez más discriminada y desplazada. La violencia étnica contra ellos y el ascenso de Milošević con su política nacionalista, desembocó en la anulación de la autonomía en 1989, retornando el serbio como lengua vehicular, reduciendo la influencia de la mayoría albanesa y persiguiendo a los anteriores dirigentes de la provincia.
Kosovo creó un gobierno paralelo al establecido desde las autoridades de Belgrado, con Ibrahim Rugova al frente desde 1992. Por entonces se constituye el grupo terrorista Ejército de Liberación de Kosovo conocido por las siglas en albanés (UÇK) comandado por el actual presidente kosovar y criminal de guerra Hashim Thaçi. El UÇK cometía atentados contra objetivos serbios por la liberación de Kosovo. Entonces múltiples enfrentamientos se produjeron entre el Ejército de Yugoslavia y las guerrillas del UÇK, pero el interés y la atención internacional no llegó hasta 1998. Fue mazor el interés cuando se publicaron datos sobre la matanza de Račak, del 15 de enero de 1999 donde las informaciones hablan de 45 muertos entre ellos 3 del UÇK, de las cuales se les atribuyó la autoría a fuerzas serbias. Más tarde se ha descubierto que los datos fueron manipulados, y asesinatos causados por el propio UÇK contra su población fueron atribuidos a la población serbia, causando una espiral de odio mutua y avivando verdaderos enfrentamientos étnicos en ambos sentidos, y desplazamientos de población ante la inseguridad de ser tomados por las guerrillas o por el ejército.
La ronda de negociaciones de Ramboulliet fue organizada por la OTAN entre enero y febrero de 1999 para justificar el bombardeo de las ciudades serbias ya que Milošević se negaba a aceptar las duras sanciones internacionales. Los representantes serbios rechazaron el intento de imposición internacional de medidas que proponían la escisión de Kosovo de la República Serbia formando otra república en lo que quedaba de Federación Yugoslava, de lo contrario, políticos albanokosovares tomarían parte importante en la representación parlamentaria en Belgrado y ejercería una influencia considerable en la política serbia. Estas propuestas eran inaceptables para el gobierno serbio, por lo que Ramboulliet resultó un fracaso de la diplomacia, en gran medida alentado por deseos de intervención y establecer influencia estadounidense en un estratégico enclave balcánico de cara al control del Oriente Próximo. La entonces Secretaria de Estado estadounidense de origen checo, Madeleine Albright, que pasó parte de su infancia en Belgrado, demonizaba todo aquello que sonara a serbio, acusando a la sociedad de tener las manos manchadas de sangre, y por eso había que castigarles duramente, era necesario realizar una intervención ilegal pero sería "justa". Así llegaban a un acuerdo con las autoridades lideradas por el militar y criminal Hashim Thaçi para actuar a favor del UÇK, inmortalizado en múltiples fotos entre las que se encuentra la del apretón de manos con el entonces Secretario General de la Alianza Atlántica Javier Solana.
La intervención "humanitaria" de la OTAN comenzó el 24 de marzo de 1999, sin haber obtenido la aprobación del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, lo que lo convierte con claridad en una guerra ilegal. Pero esta guerra "humanitaria" y mediáticamente llamada "quirúrgica" conseguía lanzar sus misiles tomahawk sobre la capital yugoslava y otras ciudades importantes de Serbia, destruyendo no solo edificios estratégicos y gubernamentales que dejaron unas pérdidas de 29,6 mil millones de dólares, sino también centenares de escuelas, hospitales, viviendas fueron arrasadas, y lo peor, llegando a cifras de alrededor de 2.500 civiles muertos entre ellos 88 niños, 3.500 bajas en el ejército, y 250.000 desplazados que se produjeron tras 78 días de bombardeos en los que las informaciones no dan cuenta de las cantidades de uranio empleadas en sus armas. La radiactividad ha aumentado en Serbia a raíz del bombardeo, con un incremento en los casos de cáncer y otras complicaciones derivadas en la población.
La cuestión principal de esta guerra no era sino desplazar al Ejército de Yugoslavia de la provincia de Kosovo y dejarlas en control de las fuerzas de la OTAN, por supuesto apoyadas plenamente por el UÇK.
No solo no era legal, sino que su intención principal no parecía la protección de la población albanokosovar aunque fuera el mayor pretexto, sino establecer el control sobre una región inestable como punto estratégico para los intereses de la Alianza. Al bombardear a la población civil serbia, conseguía desmoralizarla, atacar en los puntos más débiles en vez de centrarse en su falsa intervención "quirúrgica" contra el gobierno yugoslavo. Al fin y al cabo, las víctimas serbias no eran mas que "daños colaterales" inevitables para la Alianza Atlántica. Con la antigua estrategia militar de "divide y vencerás", los aliados consiguieron hundir en una profunda depresión económica y social a Serbia, un país cuyos gobernantes déspotas fueron clave fundamental en la estrategia occidental para intervenir en nombre de los derechos humanos mientras estos se encuentran últimos en la lista de sus objetivos.
La doble moral atlantista delata sus intenciones pero el impacto sobre la sociedad de un Estado europeo ha marcado y marcará por bastante tiempo la resignación y el rechazo de parte de la sociedad serbia ante cualquier apertura hacia la Alianza Atlántica. La población ha acabado asumiendo los costes tanto morales como materiales de la guerra, y los prejuicios internacionales se han mantenido hasta hace bien poco sobre los serbios, pero la realidad es mucho más lejana. En opinión personal, no he conocido antes una sociedad tan hospitalaria y generosa como la serbia. Las calles de Belgrado y Kragujevac, las dos ciudades serbias que he tenido el placer de conocer, les encontré llenas de movimiento y un ambiente alegre, lejos de los estereotipos grises de la Serbia afectada por la guerra. La fortaleza de Kalemegdan en la Ciudad Blanca, luce verde en un día de sol, en la que se alza uno de sus símbolos más importantes y que tengo por avatar, la estatua del héroe, mirando de cara a la confluencia de los ríos Sava y Danubio, delata un optimismo sobre un futuro todavía incierto para una sociedad afectada de una crisis económica agravada por los acontecimientos producidos 15 años atrás. Una sociedad serbia en 2014 que busca la reconciliación duradera con sus vecinos y la entrada en la Unión Europea para así dejar atrás el horror del pasado. Son pasos hacia delante dispuestos a recuperar la confianza en una comunidad internacional que banalizó y restó importancia a las víctimas en suelo serbio, como todavía hoy en día se hace en otros lugares. Serbia mira al futuro como el resto de la sociedad que una vez habitó en un Estado llamado Yugoslavia, pero en la memoria colectiva todavía quedan acciones sin responsables y una pregunta a la que no se le ha dado respuesta: ¿por qué?

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