martes, 11 de marzo de 2014

Diez años de dolor e infamias

Hoy querría aparcar los temas internacionales para hacer un inciso en un episodio de los más duros en la historia reciente de España. Hace hoy exactamente diez años 192 personas perdían la vida en cuatro trenes de Cercanías de Madrid en su camino al trabajo o a sus estudios, o simplemente porque necesitaban tomar ese tren con la desgracia de coincidir con individuos fanáticos cuyo objetivo pasaba por golpear duramente la moral de un país y de su sociedad. Aquel día yo no era más que un estudiante de secundaria que como cada mañana iba a clase, pero con la diferencia de la trágica noticia y la incertidumbre que reinaba en los primeros momentos. Aún así ya tenía conciencia del daño moral que suponía para los ciudadanos de Madrid y en general para la sociedad española. Si hubiera ocurrido algunos años más tarde, fácilmente podría haber sido víctima. Cualquiera podría haber sido víctima en aquel atentado.

Esta entrada no pretende ser precisamente descriptiva sino crítica. Me gustaría hacer una evaluación personal sobre las consecuencias del dramático atentado cuya memoria ha resurgido más fuerte que nunca en la primera década desde su perpetración. Hoy en día sigue dando que hablar en los medios de comunicación, algunos de ellos exprimen hasta la última gota de los hechos con especulaciones, conspiraciones y paranoias, todo ello instrumentos que partidos políticos, los medios citados y grupos de presión han hecho de ello su arma para tapar errores que condujeron a que se produjera el atentado.

He podido leer, oír y ver en los medios de comunicación toda clase de argumentos conspiranoicos, desde personalidades que aún creen en la autoría de ETA en el ataque y que niegan cualquier participación islamista, hasta las más absurdas teorías que envuelven a los propios dirigentes del Partido Socialista presuntamente compinchados con la policía para arrebatar el poder al Partido Popular en las Elecciones Generales que se celebraron tres días más tarde. Es bien sabido que no hubo una buena aceptación de la derrota popular, por lo que siguieron negando la intervención de fanáticos islamistas aún habiéndose presentado pruebas que descartaban la intervención etarra. 

Pero ya no es solo el hecho de negar o afirmar pruebas. El gobierno perdió las elecciones por actuar en contra de la voluntad popular en una guerra ilegal y perdió el mayor apoyo de manera drástica desgraciadamente tras el impacto del atentado en los electores, del cual no permanece impune al difundir conclusiones falsas sobre el atentado. Desde entonces, se han vertido una sarta de mentiras y especulaciones que acusaban injustamente a ciudadanos, policías, guardias civiles, personal médico y psicológico que tuvieron que lidiar con la masacre, atendiendo y salvando la vida a otros cientos de personas heridas, luchando a contrarreloj por recuperar el orden y la cordura. Absurdas acusaciones se hicieron, calificando de asesinos a aquel personal imprescindible en aquellos momentos de caos. Teorías que inducían a la paranoia, colaboración socialista, golpe de Estado, Zapatero como asesino de 192 personas, la Policía sobornada y demás sandeces hechas de manera gratuita desde un estudio radiofónico. Resulta lamentable que se llame profesionales a aquellos que se dedican a insultar sin argumentos y nulo rigor comunicativo para alimentar el morbo que provoca una masacre.   

Es vergonzoso ver cómo la dirección de un periódico decide manipular la información de una masacre, en contra del rigor profesional de sus empleados, para manejar la opinión pública y mitigar las consecuencias que  puedan tener para el partido del gobierno. Es intolerable jugar con la vida de doscientas personas y la de más de mil afectados para usarlas con fines políticos. Es increíble que todavía hoy sigan publicándose teorías conspirativas sobre asesinar a 192 personas para ganar unas Elecciones Generales. Todo ello causa un dolor prolongado para familiares de las víctimas que piden saber la verdad, que se apliquen las penas a los culpables y poder reparar aquel daño sin que nadie juegue de manera lucrativa con sus sentimientos.

Por otra parte, consideraría que la inmensa mayoría de sociedad española no ha sucumbido a la división y la confrontación política, sino que ante el dolor ha permanecido unida y solidaria. Y lo más importante, en España no se ha producido ningún brote generalizado de xenofobia o islamofobia como se ha podido dar en otros países europeos por causas muy diferentes, con excepción de que se puedan dar casos aislados. 

A mi juicio, y para concluir, creo que la mayoría de la sociedad española ha estado a la altura de las consecuencias de la peor masacre perpetrada en nuestro país. A diferencia de ello, los sectores más polítizados, cuya actuación ha desembocado en un lamentable espectáculo que evoca la imagen de unas aves carroñeras sobrevolando un cadáver, han enturbiado y ofendido a una población cada vez más descontenta y pesimista. De cierto modo, ójala se esclarezcan los hechos del atentado de la manera más objetiva posible y consiga callar con la verdad a aquellos que acusaron sin piedad ni argumento a ciudadanos que trabajaban por el bien común de todos. 

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