Aunque este asunto de actualidad no se ajusta a la temática estricta del blog, quisiera hacer una mención especial al Festival de Eurovisión, siempre en boga cada mes de mayo.
Eurovisión es el festival de la canción más conocido en Europa. A cualquier europeo que se nos pregunte sobre ello, tendrá una opinión determinada: entretenido, sentimiento europeísta, cultura, diversión, o engaño, favoritismo, amiguismo vecinal, etc.
Desde 1956 se ha retransmitido cada año en las televisiones nacionales de los países participantes y no participantes. Entonces, cuando España comenzó a participar desde 1961, Eurovisión representaba un intento diplomático de hacer conocer la España de Franco que comenzaba su apertura después de una década de aislamiento absoluto del exterior. Sería con el "La la la" de Masiel en 1968 cuando España consiguiera hacerse notar de verdad en el festival, siendo la primera de las dos veces que ganase, pues la segunda vez lo haría con Salomé al año siguiente y compartiendo el premio con Francia, Reino Unido y Países Bajos.
Hoy día las tendencias musicales que cada país lleva en representación al festival han cambiado drásticamente. La primacía del espectáculo sobre la música y la apertura a nuevos Estados del antiguo bloque soviético y la antigua Yugoslavia, ha enriquecido y modificado la naturaleza de sí mismo. Ahora bien, ya se convierten en tradicionales las críticas a los sistemas de votaciones año tras año, modificadas continuamente para evitar las influencias externas al hecho de elegir la canción que muestre mayor calidad artística. Aún así, será muy difícil lograr un sistema justo. Si los tele-espectadores pueden votar libremente, ¿quién me dice a mi si vivo en otro país que no vote por el mío propio?
En todo caso, y a pesar de las debilidades del festival, lo que más llama la atención, o por lo menos a la persona que escribe este articulo, son las relaciones internacionales reflejadas en un espectáculo internacional. No es el fútbol, ni baloncesto ni ningún otro deporte que represente a los Estados, sino la música. La explicación más sencilla a la politización de esta es la posibilidad de que los espectadores elijan su opción favorita, por lo tanto es más fácil detectar las afinidades nacionales y las desafecciones hacia otros Estados conectado con la actualidad política y social.
En la 59ª edición del Festival de la Canción de Eurovisión en 2014 hemos podido ver reflejados todos estos ámbitos. Un ejemplo es la mera mención de Rusia en la votación final, la cual despertaba grandes abucheos entre los espectadores presentes en Copenhague. No hace falta explicar de nuevo el contexto actual para darle una explicación. Tampoco podían faltar los habituales votos a vecinos se encontraban presentes. Alguno debería apostar en una quiniela por adivinar el top 12 de cada país que se sucede en la votación.
Por otro lado, las redes sociales adelantan con gran precisión quién es el claro o la clara favorita a ganar antes de comenzar. De todas maneras, y a pesar de la continua polémica, se podría decir que la ganadora austriaca, Conchita Wurst, merecía con creces el premio. es verdad que otras opciones entraban entre las favoritas, como la holandesa con una clara similitud a The Police o incluso la húngara, presentando una problemática actual que nos afecta directamente a la sociedad, sea europea o del continente que sea, la violencia doméstica.
Tampoco serían de menos los comentarios de carácter LGTBfóbicos entre los concursantes. El representante de Armenia declaraba que había que hacer decidir de una vez a Conchita Wurst a elegir entre ser hombre o mujer porque no puede haber otra opción. Esto desató una lluvia de críticas entre los eurofans haciendo notar de alguna forma una diferenciación sobre a tolerancia hacia el colectivo LGTB en los diferentes Estados de Europa.
Así la actuación de la ganadora, la mujer con barba, conseguía de forma transgresora dar ejemplo una vez más de que en Europa se consigue niveles de tolerancia que en otras partes del mundo no existen. Es posible que la caracterización de un hombre travestido y con barba sea una estrategia para captar la atención social, especialmente de colectivos más específicos que representan la mayor expectación, pero en el escenario también destacó por calidad de voz, así como otros representantes pueden carecer de ella.
En definitiva, cada año, no solo es la celebración de un festival musical a nivel europeo con sus más y sus menos, sino que sus continuas polémicas reflejan las dinámicas sociales y políticas del continente europeo. En propia opinión, un punto en contra del festival viene de la extrapolación de la política en el espectáculo, sin embargo a favor mostraría la gran tolerancia hacia la diversidad social que Europa muestra al mundo en el siglo XXI. Algunos esperamos que no solo se quede en un fenómeno televisivo, sino que se traduzca realmente en un respeto a las libertades individuales que deberían ser parte de la identidad de una Europa para los ciudadanos que muchos tratamos de defender.
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