De manera improvisada comienzo este post. Hasta hace un momento no consideraba su relevancia, pero finalmente decido publicarlo por ser un tema de crítica bastante delicado.
Ayer, 12 de mayo de 2014 la Presidenta de la Diputación de León era asesinada a tiros y todos los medios se harían eco de la noticia rápidamente. No solo los medios de comunicación como la televisión o la prensa escrita, sino que las redes sociales eran las que bullían de mayor actividad ante tal desgracia. ¿Qué haríamos sin ellas?
La gran virtud de las redes sociales, como Twitter, por la cual difundo generalmente mis entradas, es que su sistema de microblogging permite la información instantánea desde cualquier lugar del mundo en el que se tenga acceso a estas. Claro está que cuando aparece una noticia de última hora, cada vez somos más los que nos enteramos a través de estos medios. Parte de esta virtud es que nosotros nos convertimos en comunicadores de noticias formando parte de una mecha que acaba de prender. Esto significa que la libertad de expresión, en gran medida y por suerte, está a la orden del día.
Ahora bien, tenemos una bonita caja de Pandora al alcance de todos los que podemos acceder a ellas, y publicar un post no cuesta más que un click. Ojo, que defiendo el uso de las redes como medio de libertad de expresión.
Pero yendo al grano, mi malestar no viene por la accesibilidad y el protagonismo que nos pueda dar una red social, sino por la noticia de ayer: asesinan en León a Isabel Carrasco, la Presidenta de la Diputación. Como cualquier otro suceso de las mismas características requiere una investigación para encontrar a los/las culpables y el por qué de tal crimen. Mientras tanto los medios de comunicación generan posibles hipótesis sobre las informaciones que van llegando, y las redes sociales generan reacciones, opiniones, entre otras cosas; y lo que viene siendo dañino, comentarios bizarros e hipótesis sin más argumento que la pura demagogia. Ambas categorías de publicaciones son las que desprestigian el poder de las redes, no por su naturaleza sino por el uso que se hace de ellas.
Así es deplorable y lamentable encontrar comentarios sobre personas que se alegran de la muerte de otra. La frialdad de ciertos usuarios hace cuestionar hasta dónde puede llegar la libertad de comentar y publicar un tuit. Personalmente, no conocía la existencia de la víctima antes de que se publicase la noticia, por lo que no podría hacer crítica. Añado mis respetos por el dolor de los miembros de su entorno.
Por otro lado, me indigna las conclusiones por adelantado que algunos periodistas de actualidad realizan y la imperante necesidad de buscar culpables ideológicos, añadiendo más leña al fuego de la crispación. Muchos ciudadanos se habrán sentido profundamente ofendidos al ser criminalizados por participar en una manifestación contra el gobierno, contra los desahucios, en un escrache o abucheo a ciertos políticos.
No apoyo en absoluto el paso a la violencia física, pero solo por defender unos derechos básicos y una dignidad humana, es tan fácil ser criminalizado de ser un futuro violento o terrorista. Demagogia barata es la que habla de una persecución contra los políticos, la que compara a la ciudadanía indignada con el terrorismo de ETA o la revolución bolchevique. Si lo que se pretende es incitar el odio, van por el buen camino, pero así jamás contribuirán a una convivencia sana, ni los que festejan fríamente un asesinato, ni los que señalan y acusan gratuitamente sin pruebas contrastadas.
Brevemente, pongo de manifiesto otra vez que defiendo el uso libre de las redes sociales, pero la responsabilidad y el impacto de las publicaciones corren a cargo de quien lo publica. Creo así que la denuncia social debe regular qué posts son los que violan la dignidad de las personas o hacen apología de la violencia y el crimen. Asimismo, es bochornoso encontrarse con profesionales de renombre que saquen partido de una manera sucia a los sucesos producidos. Parecerá que nos hemos vuelto locos, pero no, es el pan de cada día en este país y seguro que en muchos otros.
Por último, he de decir que tal como tuiteó un candidato a las próximas elecciones al Parlamento Europeo, con el cual no comparto una gran afinidad, todos estamos de luto cuando un político es asesinado, pero cuando una mujer a punto de ser desahuciada se suicida, no es noticia. Consideren que yo también peco de demagogia, pero así es la realidad, y no nos la cuentan.
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