sábado, 18 de junio de 2016

El que quiera entender que entienda

Fuente: https://mjshorts.wordpress.com/2013/03/22/love-conquers-all/



Lo que vengo a escribir hoy no es un artículo más de los pocos que escribo en los cuales trato de explicar un acontecimiento histórico o un tema de actualidad internacional. En realidad si que da lugar a un debate a nivel global pero no precisamente en los términos en los que suelo escribir.
No he querido escribir anteriormente mi opinión sobre el ataque homofóbico ocurrido hace una semana ya que es un tema de gran sensibilidad. Una semana más tarde tenía que lanzarme a escribir todo aquello que quería escribir y no parecer que lo hiciera de manera oportunista. 
La cuestión viene siendo la rabia contenida y la falta de palabras que causa no solo este atentado sino también las continuas muestras del mundo que parece tratar de amputarse una parte de sí mismo y desangrarse hasta morir de estupidez.

No hace falta explicar ningún acontecimiento que no sepamos, solamente reflexionar qué es lo que lleva a individuos y comunidades a generar un odio irracional a aquel o aquella que vive su propia realidad y trata de ser feliz sin hacer daño a nadie.
La realidad, a veces, sorprende, tanto para bien como para mal. Muchas personas en el mundo se sienten horrorizadas al conocer tal tipo de crímenes. Este, como cualquier otro en el mundo, es tan estremecedor y repugnante como todos aquellos asesinatos y ataques terroristas que se cometen continuamente en el mundo y los medios de comunicación no informan de ellos o pasan casi desapercibidos. Otros, dependiendo de en qué países ocurren, generan una terrible alarma social.

El caso de la reflexión se centra más en los ataques de odio a las personas LGTBI, por el simple hecho de no encajar con los patrones tradicionales e impuestos. El ataque en Orlando es un ataque en el mundo occidental donde los derechos LGTB se van abriendo camino. Así bien, nunca sabremos el número de asesinatos que se cometen en aquellas regiones del mundo donde se criminaliza el simple hecho de ser atraído u atraída por personas del mismo sexo.

Un asesino solitario puede arrebatar la vida de cincuenta personas pero lo que más asusta es que detrás de un psicópata, hay seres, que difícilmente calificaría de humanos, que salen en apoyo a la masacre de personas homosexuales. Y no, no me refiero a personas de religión islámica, sino también fervientes cristianos que en su fanatismo, desean aplicar su propia interpretación de una recopilación de escrituras históricas escritas por personas que vivieron hace miles de años con una forma de vida radicalmente diferente.
Os invito a ver un vídeo donde un reverendo hispano en Estados Unidos celebra el asesinato en masa (https://www.youtube.com/watch?v=dE0QTvlGj-c). No tiene desperdicio ni comentarios que puedan justificarlo.

Con esto no quiero pretender pensar que todas las personas con fe cristiana o fe islámica sean consideradas homófobas. Por suerte, en gran parte de Europa, existe una aceptación y una normalización de la realidad LGTBI en cierta medida, aunque todavía queda mucho por avanzar. Así en España, podemos presumir de ser uno de los países más tolerantes del mundo, en el que una mayoría de españoles se declaran creyentes católicos y hay tolerancia y respeto hacia las personas LGTBI, amparadas por el derecho. La homofobia que algunos predican, por suerte, no amedrenta a la mayoría, sino que es abucheada cuando se trata de una violación a los derechos individuales. 
Lo que preocupa, es que últimamente los ataques homófobos han crecido en España. Esperemos que sea un fenómeno pasajero y continuemos en la senda de la igualdad, la tolerancia y el respeto.

Más preocupante es ver que en el mundo, todavía los delitos de odio, son los más cometidos. No es solo la homofobia, sino también la misoginia, el racismo, el odio por el odio. Lo peor de este tipo de violencia es que empieza desde la más temprana edad, cuando los niños son adoctrinados para odiar al diferente. Al final, se convierten en adultos que odian pero no conocen la razón de su odio, y así comienza la violencia más irracional contra quien es diferente a ellos.
Esta es la manera en cómo nacen los fanatismos religiosos, los fanatismos nacionalistas/ chauvinistas/ fascistas así como la violencia en los deportes.

Hoy por hoy, no son solo Estados de religión islámica los que predican el odio al homosexual, a la mujer o cualquiera que no se ajuste a los pilares heteropatriarcales, sino también son Estados occidentales y energúmenos esporádicos que acuden a la épica del imaginario religioso y pseudobiológico para justificar su odio sin respuesta racional.
Por cierto, para quien no lo crea, la homosexualidad es una condición biológica que también afecta a muchas especies animales. Y sí, aceptemos que nosotros también somos animales.

De cualquier forma, no podemos permanecer esperando a que el miedo al cáncer internacional (véase ese carcinoma situado en Oriente Medio) nos alcance, o que el virus social de la LGTBIfobia golpee y altere los derechos defendidos con sangre y sufrimiento en nuestro territorio. Parece que no es válido excusarse conque vivimos en el siglo XXI y estas cosas no deberían pasar. Precisamente, nunca deberían pasar. 


Sólo podemos aportar nuestro grano de arena con el mejor arma que podamos tener: la educación. Educando a nuestro hijos en libertad, en la tolerancia y el respeto, es posible que la sociedad torne a una mejor convivencia, donde ser lesbiana, gay, bisexual, transexual o más que nada, el hecho de ser una persona con unas características propias, no sea vivir con miedo a los patrones impuestos con violencia. Cada individuo, dentro del manto del respeto al resto de individuos, tiene el derecho a vivir su naturaleza sexual, siempre que constituya un acto de libertad por parte de los individuos involucrados en su derecho y propia voluntad.

Cualquier delito de odio nunca arrebatará el ansia de libertad de las personas que luchan por su propio derecho a existir, porque amar a otra persona no es un crimen, impedir que el amor gane al odio, no puede ser otra cosa que llevar la humanidad al suicidio.


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