Si alguien todavía no se ha enterado, que difícilmente lo veo, Don Juan Carlos de Borbón y Borbón-Dos Sicilias anuncia que deja el cargo de jefe de Estado, del Estado Español. Es decir, abdica dentro de la institución monárquica hereditaria en su hijo Felipe de Borbón y Grecia.
Si bien, cabía esperar este anuncio, pero a muchos les ha pillado desprevenidos ya que no se esperaba que se realizara en este momento, sin embargo, era una decisión premeditada con meses de antelación, si no, con más tiempo.
Hoy, día 2 de junio de 2014, tildado de día histórico para España, venimos asistiendo a un empacho informativo en todos los medios de comunicación. Hemos conseguido crear una hoguera de las redes sociales, pero cabía esperar tal actividad, ya que en otros procesos sucesorios, no existía tal avance tecnológico y apertura informativa como hoy tenemos. Muchos desde nuestros dispositivos electrónicos personales contribuimos al fenómeno de difusión de información en Twitter, tanto errónea como verídica, por lo que no puede ser tomada como una fuente de información primaria pero ayuda a despertar la alerta por un acontecimiento de tal calibre y buscar fuentes que arrojen luz sobre su veracidad.
Yendo al grano, desde antes de la comparecencia de Mariano Rajoy, ya se especulaba con la noticia, hasta que el presidente del Gobierno confirmaba lo que se decía por las redes sociales. Ahora bien, después del anuncio y de ser espectadores repetidas veces del discurso del todavía jefe de Estado, junto con continuos repasos y documentales de su trayectoria como monarca, los que nos hemos dado por enterados ya nos estamos lamentando de los días y semanas que nos esperan como encendamos la tele o leamos el periódico, o sin más, entremos en las redes sociales.
Hasta que el príncipe no tome posesión de su cargo, España permanecerá en un continuo y repetitivo movimiento informativo acerca de la Corona, con la aprobación de una nueva Ley Orgánica y posterior proclamación del nuevo jefe de Estado. Por suerte el proceso se estima que durará alrededor dos semanas ya que el presidente Rajoy anunciaba un traspaso rápido.
Es verdad que la relevancia del acontecimiento no es de menos. En Europa es el tercer monarca que abdica en dos años. Juan Carlos esgrime motivos personales, pero es de creer que todos los españoles entienden qué es lo que realmente motiva al rey a abdicar. Así, la monarquía española ha sufrido una caída de popularidad muy notable en los últimos años. Los escándalos de la infanta Cristina y su marido Iñaki Urdangarín, junto con la pésima imagen excéntrica del rey cazando elefantes en Botswana, con el infortunio de fracturarse la cadera en el momento menos indicado, son los puntos de mayor impopularidad de la institución. Además, por mucho que se niegue la evidencia, es probable que los problemas de salud sean de los motivos más relevantes.
Juan Carlos no ha esperado a la resolución del juicio contra su yerno para conseguir recuperar su popularidad estando en el cargo, sino que ha considerado que un lavado de cara en la Casa Real es lo más adecuado. El príncipe de Asturias representa una renovación de la imagen de la institución. Es el miembro de la Familia Real que ha conseguido mantener impecable su imagen pública. Básicamente su condición como heredero de la Corona necesita de tales requerimientos si se trata de la supervivencia de la monarquía.
Por otro lado, muchos alaban los 39 años de reinado de Juan Carlos. Habiendo yo nacido bastantes años después de su coronación, no puedo juzgar de primera mano su imagen como figura de la Transición española, héroe proclamado ante el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, con sus teorías conspirativas y secretos de Estado, símbolo de la democracia en España. Pero tras decir esto me remito a lo que todos sabemos, el jefe de Estado fue propuesto por las cortes franquistas y posteriormente coronado sin una consulta a los españoles.
Muchos de los que vivieron la Transición dirán que fue necesario para evitar cualquier irrupción "peligrosa" y "desestabilizadora" de la convivencia social. Quizás fuera verdad, muchos tenían miedo de que se repitiera el mito de las dos Españas desembocando en otra guerra fraticida. Por aquel entonces los términos democráticos pasarían a formar un papel secundario bajo la consecución de una "paz" social, de cierto modo continuísta con el régimen de Franco. Libertades supeditadas al orden y la estabilidad, ¿mal necesario? puede ser.
Hoy día, los tiempos han cambiado, se cierran etapas y se abren otras nuevas. Muchos se proclamaron "juancarlistas" pero no monárquicos. Otros, los puramente monárquicos, defienden la existencia de la Corona como elemento inviolable en el Estado Español. De aquellos "juancarlistas" pero no monárquicos, se deduce la idea de que el periodo de su reinado fue clave en la historia reciente, pero comprenden la necesidad de adaptación al contexto social actual y a la demanda de democracia y transparencia por parte de los ciudadanos.
Otros tantos, cabe decirlo, nunca llegaron a apoyar directamente la figura monárquica. Declarados republicanos apoyaron en referéndum la aprobación de la Constitución de 1978 por conseguir una estabilidad nacional y alejar los miedos pasados.
Así pues, la sociedad española cambia de mentalidad, el contexto es completamente diferente del de 1975. La sociedad actual dista mucho de la de hace 40 años. Hoy nos afectan otros asuntos que también conciernen a la estabilidad social pero acuciada por otros actores, precisamente aquellos que jugaron un papel trascendental en la Transición y que hoy son continuamente cuestionados. Hemos visto en las últimas elecciones el freno de los partidos que han estado y están en el gobierno y el ascenso de nuevas y jóvenes formaciones que buscan otro modelo de Estado y plantean otras perspectivas de la política. Quitando importancia al auge del populismo televisivo cargando de esperanzas a cada vez más sectores de población descontentos con los fallos del sistema actual, la conclusión que podemos llegar es que los españoles demandan otros modelos alternativos. Hoy a las 20:00 se han convocado manifestaciones en numerosas capitales españolas por el derecho a decidir en referéndum el futuro del modelo de jefatura del Estado. Hoy por hoy, si queremos democracia en un país con un sistema electoral ya consolidado, se debería respetar el derecho de los españoles a elegir qué modelo de Estado quieren. Ahora bien, a muchos la palabra república les suena terrorífica, pero para otros es la demanda de un modelo más justo en un Estado europeo. Detractores de la posibilidad de que cambie el modelo democrático de Estado llevan sus miedos al año 1936, precisamente es lo que bloquea el debate que nos concierne a todos. Pero 2014, 2015 o 2016 no son 1936.
En la España más internacionalizada de todos los tiempos, con menos soberanía sobre su sistema económico y político, con una mayor facilidad de movimiento de sus ciudadanos fuera de las fronteras nacionales y una mayor formación educativa, el hecho de que se instaure una república parlamentaria no sería fuente de mayor inestabilidad que una monarquía. Tanto si un sistema republicano como uno monárquico son inefectivos, van a ser de la misma manera inestables y pueden derivar en los mismos problemas. Los ciudadanos reivindicarán otra modelo de Estado u otro representante de la jefatura. Al fin y al cabo, lo que se debe perder es el miedo a atender a las demandas de los ciudadanos y poner en su mano la decisión del modelo de Estado que más apoyos recoja.
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