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Ayer, 19 de octubre 2016, ya 20 en hora europea, fue el último debate televisado entre los dos principales candidatos a tomar el relevo de la presidencia de Estados Unidos. No es solo la expectación que produce cada cuatro años unas elecciones en la todavía mayor potencia económica y militar del mundo, sino la particularidad de los candidatos representantes en estas elecciones.
No soy mucho de ver debates políticos porque a los pocos minutos pierdo el hilo de cada monólogo y acaban siendo verdaderamente aburridos. En este caso quise ver el debate por entero para ver qué es lo que realmente cuentan esos señores y si de verdad es un espectáculo de bol de palomitas, manta y sofá.
Hay que reconocer que da el pego como espectáculo de entretenimiento, sobre todo el segundo encuentro, pero ante todo parece que es para echarse a llorar si son esas personas las que se van a disputar la presidencia más poderosa del mundo.
Primero, no hace falta decir el desastre político que ha causado la elección del señor Donald Trump para el Partido Republicano de Estados Unidos. Hasta el mismo George H. W. Bush (o sea, Bush padre) piensa votar por Clinton en poco menos de tres semanas.
Parece que el señor Trump prefiere decir todo lo que piensa sin importarle las represalias ni los resultados que a seguir una estrategia prudente. Su prepotencia no tiene límites incluso justificando su misoginia con sorna y chulería. Esta entre otras cosas hace de su rol más bien un showman difícil de creer que sea un candidato. Parece que el dinero puede justificarlo todo.
En ojos de la opinión pública, tal candidato hace parecer a la señora Clinton una señora confiable y predecible. La verdad es que nos queda un poco lejos de la realidad. Aún así, no se le puede quitar el mérito de sus 30 años en política, pues al menos la experiencia puede justificar su candidatura, de hecho, viendo su trayectoria podemos establecer juicios de valor que haga a los votantes decidirse con su voto.
Lo poco que se puede ver favorable de Donald Trump es que es un gran detector de errores de la Administración demócrata. Su gran arma es la acusación, en cierta manera justificada. Trump enumeró desde los escándalos sexuales del expresidente Bill Clinton (algo que debería quedar en la privacidad), así como la polémica de los mails de su mujer y candidata que revela el nivel de seguridad que se toman en las altas esferas políticas. Hasta Wikileaks tuvo acceso a gran cantidad de información confidencial, tanto como pudo aprovechar.
Los argumentos en los que el señor Trump llegó a tener razón son los relacionados con la política exterior del Estado, y ahí es donde más toca a la señora Clinton, Secretaria de Estado desde 2009 hasta 2013. La falta de toma de decisión en la guerra de Libia en 2011 pero su total apoyo a desbancar a Gaddafi, ha dejado un país dividido y acechado por grupos afines al ISIS. Así como el gran desastre de Siria e Irak, el surgimiento y expansión del ISIS y el empeoramiento de las relaciones con Rusia.
Trump tuvo razón en acusar a la Administración de Obama de abandonar demasiado pronto las posiciones en Irak, tras la guerra ilegal (apoyada también por Trump). Tan facil fue controlar las grandes ciudades iraquíes como perderlas a manos de los terroristas del ISIS y tener que ser recuperadas a través de una guerra donde no es Estados Unidos quien la dirige, sino Rusia.
Por otra parte, las acusaciones de Trump se basan en buscar la polémica con afirmaciones generales y proyectos megalómanos y populistas difíciles de realizar: deportar a once millones de inmigrantes "ilegales", el muro en la frontera con México junto con la factura a pagar por este, detonar los proyectos de sanidad pública del Obama Care, propiciar la mayor bajada de impuestos en la historia de Estados Unidos sin tener el cuenta el incremento enorme de déficit que puede causar al Estado entre otros.
Clinton por su parte, como antes hemos visto en las acusaciones de su oponente, no sale impune. No solo ha sido la gestión durante su etapa en el Secretariado de Estado, sino que debemos recordar que una región de Europa considera a ella y a su marido las personas más odiadas en la historia presente. Quiero decir que los señores Clinton llevaron la bandera del bombardeo de civiles en un país europeo en 1999. Cuando Yugoslavia se encontraba en sus últimos pasos de su desintegración y bajo un detestable presidente que no supo llevar bajo control una crisis étnica, sino que propició el fortalecimiento de un grupo terrorista, el UÇK junto con la confrontación entre serbios y albaneses en territorio kosovar, los señores Clinton, junto con los mandos de la OTAN, decidieron que el conflicto debía ser un "ojo por ojo", y la población serbia debía sufrir las consecuencias del bombardeo dejando un reguero de muerte que ha sido ninguneada hasta hoy día.
La señora Clinton es gran amiga del Estado albanés y el autoproclamado Estado kosovar, y mira hacia otro lado cuando se trata de denunciar los crímenes de guerra en 1999 que implican a grandes asesinos en libertad, como el presidente del autoproclamado Estado (recomiendo googlear los crímenes de la "casa amarilla" en Albania y la trama de tráfico ilegal de órganos de la población civil serbokosovar). Aquellos que denunciaron han desaparecido de la escena pública mundial y la señora Clinton es cómplice del último desastre bélico en Europa (miento, todavía quedaba Ucrania). Así para la candidata, no es importante que el mayor foco yihadista en Europa se esté gestando sin impunidad en esta región europea.
Por otro lado, parece que no queda más remedio en elegir entre lo malo y lo peor. La campaña electoral es de las más vergonzosas que se puedan recordar donde el espectáculo prima. Un gran empresario de los más ricos del mundo que quiere ser presidente pero desbordado por escándalos sexuales, fanfarronería y prepotencia sin un plan inteligente, contra una política experimentada e inteligente pero de la que no creería ni la mitad de lo que afirma viendo su carrera política.
El señor Trump promete unos Estados Unidos más duros con los inmigrantes, que prohíbe la entrada de personas de religión islámica, además de buenas relaciones con el zar Putin, iniciar una guerra comercial agresiva con China, destruir la NAFTA (la asociación de libre comercio con Canadá y México). ¿Y Europa? parece que no cuenta entre sus planes visto su efusivo apoyo al Brexit. Más bien parece que quisiera detonar los intereses europeos y dejarnos en manos de nacionalistas y xenófobos. No sé si sería un buen escenario internacional. Los expertos económicos han tomado a este señor como un gran riesgo para el progreso económico mundial.
Clinton por su parte, puede seguir una trayectoria continuísta del legado de Obama, en el mejor de los casos, pero tampoco parece predecible ni en consonancia con su discurso democrático y progresista. Hay que recordar que en 2004 se situaba en contra del matrimonio homosexual, y ahora que Obama logró su aprobación, es gran defensora de este derecho. También falta a su coherencia la política migratoria, en 2006 votó a favor del actual muro con México y ahora resulta ser un escándalo defenderlo.
De cualquiera de las formas, esperemos que quien gane sea quien mejor lleve adelante la política mundial, tratándose de un factor imprescindible en el orden mundial actual. Cuesta creer a las encuestas desde el Brexit pero por una vez espero que no se equivoquen porque aunque la campaña actual resulte ser decepcionante, más vale lo malo conocido, que lo peor por conocer. Ya veremos el 8 de noviembre.

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