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Ayer fueron las Elecciones Federales en Alemania y por poco ni me entero de ello, pero creo que merecía un pequeño artículo, que ya va siendo hora de revivir el blog. Y es que en estas elecciones se elige quiénes van a ocupar los 709 asientos del Bundestag durante los próximos 4 años. Ahí es nada.
Como era de esperar, la que es canciller de Alemania desde hace 12 años ha renovado su mandato gracias a su mantenida popularidad, siempre con altibajos, pero suficientes para poder seguir gobernando.
Sin embargo, esta vez no es ella la protagonista de su victoria, pues ha perdido 65 de los escaños que conservaba desde 2013. Incluso peor le ha ido al expresidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, con el partido socialdemócrata. El SPD y segunda fuerza más votada ha sido el partido que más votos ha perdido en esta elección.
Los verdaderos protagonistas han sido los que han conseguido erigirse como tercera fuerza política de Alemania, AfD (Alternativa para Alemania). Este partido de extrema derecha ya llevaba años amenazando con tener representación en el Bundestag y lo han conseguido con 94 asientos.
Sería la primera vez desde la Segunda Guerra Mundial que un partido nacionalista y populista entra dentro del Parlamento alemán. Y la verdad, cabía esperarlos ya que se encuentran representados en varios de los Parlamentos estatales de Alemania.
Sinceramente, no es que al resto de europeos nos agrade en mayoría que Merkel siga otros 4 años gobernando. El problema es que dentro de lo malo, hay opciones mucho peores que van en aumento, y no hay que quitarles importancia. Estos cambios se están produciendo en la potencia económica más importante de la Unión Europea y puede amenazar seriamente las políticas comunitarias y la estabilidad en nuestros países.
Creo que todos conocemos las razones principales por las que en Europa van ganando terreno las fuerzas de ultraderecha. Lo primero que se nos viene a la cabeza es la crisis de los refugiados de la guerra de Siria. Son 1,3 millones de personas que en un solo año han llegado a Alemania, la cual con un flojo mensaje de buenismo se ha visto desbordada para poder asimilar tal aumento de población. Además de la terrible asociación con los atentados imprevisibles que acechan Europa, se produce una desconfianza y fobia hacia los refugiados musulmanes y hacia el Islam en sí. Gracias a todo esto y los propósitos del terrorismo islamista, hoy día no solo Alemania, sino Europa, es más racista que ayer.
Al fin y al cabo, si analizamos los datos económicos y sociales positivos de Alemania desde 2005, vemos que dan una balanza favorable con una tasa de empleo de máximos históricos, una industria fuerte y centralizada, a coste de su desmantelamiento en otros países europeos, un superávit comercial, mayores exportaciones, la bajada de la edad de jubilación, aprobación del matrimonio homosexual, introducción de un salario mínimo interprofesional, un momento de oportunidad para que otros europeos vayan a encontrar su futuro trabajando en Alemania... pero la gente sigue descontenta.
Merkel también se ha coronado como la reina de los "minijobs", que proporcionan salarios más bajos, jornadas más cortas, lo que hace que muchos alemanes vean su poder adquisitivo reducido y deban tener varios trabajos a la vez, precisamente hay un millón de personas trabajando en condiciones precarias.
Pero a pesar de ello, el problema principal que preocupa a los alemanes siguen siendo los refugiados, porque con su llegada, los partidos populistas tienen una oportunidad de expandir sus ideas basadas en el miedo. Si hay ataques terroristas perpetrados por extremistas musulmanes y los refugiados son musulmanes, por tanto todos los refugiados son terroristas. Todos los musulmanes son extremistas, degradan a la mujer, condenan a muerte a los homosexuales, y a los que no viven como ellos, por lo tanto hay que expulsarlos a todos. Este mensaje radical y xenófobo impacta tanto en la población que hace mella en sus decisiones.
No hay más que ver la popularidad de Marine LePen en Francia, los ultraconservadores de Holanda, o los artífices de la utopía del Brexit.
Por suerte en Francia y Holanda se ha podido contener un poco esta corriente, pero la xenofobia ha sido la gran ganadora del Brexit, y un caso parecido en Alemania acabaría con Europa.
Solamente quería reflexionar sobre casos como estos, porque deben mantenernos en alerta y no querremos convertirnos en los Estados fascistas que surgieron hace ochenta años. Hay quienes externamente están deseando detonar Europa a base de miedo, de frustración, hacernos elegir entre nuestros derechos, la democracia y el diálogo o el miedo, la seguridad y la censura. Los europeos demandan cambios, pero cambios cada vez más nacionalistas y proteccionistas, demandan vender su libertad por mayor seguridad ante el diferente. Por tanto, cuidado, porque la política que juega con los sentimientos irracionales siempre acaba por repetir los errores del pasado.

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