jueves, 2 de febrero de 2017

Donald la lía parda, capítulo 3: inmigración e islamofobia

Picture taken from: http://circa.com/politics/donald-trump-could-legally-ban-muslims



Para completar esta trilogía, solo faltaba la última decisión que ha sido la más polémica y caótica de los primeros días del presidente estadounidense.
Desde que Trump firmó el pasado viernes 27 de enero la orden para prohibir la entrada de personas originales de Siria, Irak, Yemen, Libia, Iran, Sudán y Somalia, se ha sembrado el caos en las fronteras del país y le ha valido las críticas de casi todos los Estados así como de las Naciones Unidas.

De la noche a la mañana, el veto, que durará 120 días, ha paralizado por completo los movimientos entre estos países y Estados Unidos. 
No solo es la prohibición de pisar suelo estadounidense para ciudadanos de estos siete países, sino que cualquier ciudadano estadounidense que posea doble nacionalidad, no podrá salir de Estados Unidos o se verá rechazado para volver a entrar en su propio país.

Nunca antes un presidente estadounidense habría tomada decisiones tan radicales en tan poco tiempo, pues ha conseguido abrir una crisis institucional incluso dentro del Partido Republicano. 
De cualquier modo, Trump sigue saliéndose con la suya. Ya echó de su puesto a la fiscal general del Estado, Sally Yates, que consideraba ilegal esta medida. El presidente alega que no cumple con los intereses de seguridad ciudadana, al modo trumpista de entenderlos.

No existen unos criterios específicos para poder llevar a cabo esta prohibición ya que ni los siete países elegidos por Trump son los más poblados, ni los que más migración exportan a Estados Unidos ni los que producen más terroristas. Curiosamente otros países musulmanes como Arabia Saudí, Egipto, los Emiratos o Pakistan, no se han visto afectados por estas medidas. En varios de ellos los intereses personales del empresario ahora presidente no son pocos. 

Las consecuencias ya visibles son el caos en los miles de viajeros y ciudadanos bloqueados en los controles de los aeropuertos estadounidenses, la prohibición de familias ya afincadas en Estados Unidos de no poder ver a sus familiares de los países vetados, así como el impedimento de  viajar de muchas empresas cuyos empleados e incluso CEOs nacieron en estos países.
Por supuesto las consecuencias diplomáticas son nefastas. Trump triunfa en su empeño de detonar los logros de Obama para mejorar las relaciones con Irán, las cuales consiguieron llegar a un acuerdo sobre su desarrollo nuclear.


De cualquiera de las maneras, estas decisiones inconscientes han dado completamente la vuelta a la forma de actuar de la todavía mayor potencia económica y militar del mundo. Muchos de los ciudadanos de los países bombardeados por Estados Unidos en las últimas décadas se han visto insultados y despreciados por la gran potencia. Después de traer la mayor pobreza, violencia, surgimiento del yihadismo más radical en su propio país, pierden cualquier esperanza de asilo y son acusados como potenciales terroristas.

En cuanto a las cuotas de refugiados de Siria e Irak que Estados Unidos con Obama había aceptado, el nuevo presidente las rechaza por completo. Es más, de las últimas noticias, la conversación telefónica que mantuvo Trump con el primer ministro australiano Malcom Turnbull el pasado sábado, se vio interrumpida abruptamente cuando el mandatario australiano quería asegurarse de que Estados Unidos iba a cumplir su promesa de acoger a 1250 refugiados a través del US Refugee Admission Program. Trump colgó el teléfono a mitad de conversación. Gran ejemplo de conversación diplomática.


El comportamiento del señor de la Casa Blanca nunca deja de sorprender (para mal). Ya ha dado cuenta de su poca experiencia y de sus pésimas dotes diplomáticas y su poco tacto en la política. Si su propósito es evitar atentados terroristas en Estados Unidos, esta medida no hace más que justificar a los yihadistas más radicales, que puede que ni siquiera se encuentren en los países vetados o en cualquier otro Estado de mayoría musulmana sino que puede ser cualquier persona estadounidense sin ni siquiera sospechas de profesar la religión islámica. De esta manera, siguiendo los pasos de Trump, solo queda imponer una ley marcial y registrar todos y cada uno de los movimientos de los ciudadanos en territorio estadounidense al estilo de 1984, libro que, por cierto, ha aumentado radicalmente las ventas en las últimas semanas.

En consonancia con este ambiente crispado, el reciente atentado en Quebec a una mezquita ha desatado muchos apoyos y signos de tolerancia en la vecina Canadá, que contrasta por completo con la deriva estadounidense.
Al menos, muchas de las grandes empresas estadounidenses así como gobiernos de todo el mundo han denunciado públicamente los actos de Trump. Como últimamente solo vivimos de esperanzas, al menos tengamos la esperanza de que o bien rectifique en el caos y la tensión que se está creando o bien, el propio Partido Republicano tome medidas en contra del presidente para frenar sus peligrosos pasos.

Si bien, por último, tengo que decir que tal como han girado las tornas del orden mundial, cada vez se parece mas al "Choque de Civilizaciones" del politólogo Samuel Huntington, cuya teoría es el conflicto inevitable entre la cultura occidental y las culturas islámica y confucionista (es decir, China). Parece que el multimillonario presidente está reestructurando la política estadounidense de manera que se parezca cada vez más a lo que nos cuenta teoría huntingtoniana. 
Por cierto, recomiendo su lectura. En este link podéis encontrar la descripción del libro: http://www.goodreads.com/book/show/413179.The_Clash_of_Civilizations_and_the_Remaking_of_World_Order




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